Editorial

Retos educativos al final del curso

12.06.2016 | 02:00

E l curso termina en Canarias con incógnitas por despejar, retos por solucionar y problemas que solventar. La cuestionada y controvertida Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) se aplicará en septiembre por primera vez en todos los tramos de la enseñanza educativa mientras esta semana, tras 40 años, se ha celebrado la última Prueba de Acceso a la Universidad sin que alumnos, profesores y padres sepan aún cómo se aplicará la nueva normativa que recupera la reválida de Bachillerato. Si la educación se entiende como la transmisión de unos valores y conocimientos acumulados por una sociedad el sistema actual traslada tantas inseguridades, incertidumbres y desorganización que el modelo vigente no deja de ser la constatación de un descomunal fracaso colectivo.

Si tratamos de ignorar que España continúa con el deshonroso honor de registrar uno de los mayores índices de abandono escolar temprano, de alumnos repetidores, con un rendimiento muy por debajo del promedio europeo, y Canarias con el más elevado número de jóvenes que ni estudian ni trabajan, continuaremos deteriorando un sistema educativo que no ha dejado de estar durante las últimas décadas sometido a maltratos políticos, caprichos docentes y condescendencias paternas. Nadie se libra de su parte de culpa y responsabilidad.

La educación ha alcanzado tal grado de distorsión que el profesor que suspende mucho, antes que tenido por riguroso y exigente, acaba convertido en sospechoso de no saber enseñar, mientras los estudiantes pasan de curso casi por decreto, da igual los conocimientos que acumulen, porque algunos equiparan tratar de impedirlo con fomentar la desigualdad. Priman los derechos y los mediocres arrinconan a los sobresalientes. A quien reclama responsabilidad y esfuerzo le llueven reproches por antisocial y reaccionario.

Fomentar la cultura del esfuerzo e incrementar la calidad educativa es fundamental para cambiar la situación de la educación en nuestro país. Primar la dedicación y el talento no debe significar –que nadie lo malinterprete– relegar a los demás, en especial a quienes demandan refuerzos y no los tienen. España debe solucionar retos educativos muy importantes si quiere competir en una economía global con otras armas que no sean los bajos salarios. Uno de los más graves es el de cargar con el mayor índice de abandono escolar temprano de toda la UE. Y no solo eso: una cuarta parte del alumnado deja los estudios antes de concluir la etapa obligatoria. También estamos a la cola en comprensión lectora y matemática de la OCDE y diez millones de adultos tienen una escasa cualificación. Si a ello sumamos que somos el país industrializado con más jóvenes empleados obligatoriamente en minijobs por su escasa formación, el diagnóstico es desazonador.

Se hace apremiante inculcar en alumnos y profesores la pasión por aprender, y hacer lo mismo con la sociedad en su conjunto. No hay otro camino. El abandono escolar puede ser tan nocivo o más que la falta de excelencia y competencia de nuestros alumnos y docentes. La deserción de las aulas, y como consecuencia de ello la baja cualificación en general de los estudiantes, es un enorme lastre para el futuro de un país si quiere progresar en un mundo sin fronteras. "Deberíamos abrir una época dorada de la educación: para no quedar expulsados de la realidad en este nuevo entorno tan cambiante, en el que no basta con aprender un oficio para toda la vida, vamos a tener que aprender constantemente". Es una reflexión del filósofo y experto en educación José Antonio Marina, a quien el Gobierno encargó el Libro Blanco sobre la Función Docente. Queda bien claro lo que dice.

Todos los responsables políticos encargados de la Educación llegan cargados de buenas intenciones y con objetivos irreprochables, como dejó claro el pasado martes en el Parlamento de Canarias la consejera Soledad Monzón al presentar la planificación del próximo curso para el que se han registrado en el Archipiélago 221.236 solicitudes de matrícula en Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato.

Sin embargo, los buenos propósitos iniciales en muchos casos sucumben a la esclavitud de los partidos, que se encargan de atrapar a una enseñanza en la que hasta los consejos escolares de los centros acaban convertidos en un reflejo de las pugnas ideológicas. Así nos va. Con siete leyes educativas en treinta años. Con cada reforma rebajando el listón académico de la anterior y algunas autonomías usando los libros de texto para el adoctrinamiento. Según la OCDE, un estudiante japonés de Secundaria sabe lo mismo que un universitario español. Lo que nadie duda hoy es que la sociedad demanda consenso en materias esenciales y un rápido cambio de rumbo educativo.

En Canarias se ha creado la denominada Red de Centros Innovadores para la Continuidad Escolar para promover la mejora de los aprendizajes, facilitar la continuidad entre etapas educativas y avanzar hacia la reducción del abandono escolar temprano. Centros que apuestan por la innovación metodológica, por un cambio de rumbo hacia la enseñanza competencial con la finalidad de mejorar el éxito escolar y reducir el abandono, pero la propia Consejería de Educación constata un gran paradoja: mientras por un lado se facilita a los padres y alumnos el acceso a miles de ideas y modelos educativos exitosos, por otro, miles de jóvenes se siguen descolgando del sistema educativo. El modelo pedagógico cambia a marchas aceleradas y los objetivos para Canarias ya no pueden ser idénticos a los de hace una decena de años cuando la reivindicación y la prioridad era construir colegios y aumentar la dotación de medios, dando por sentado que las reclamaciones materiales por sí mismas iban a traer en paralelo avances educativos.

Hay que preparar personas capaces de moverse con soltura por el mundo, predispuestas a la adaptación y a los cambios instantáneos, a la innovación permanente, a reaccionar ante adversidades imprevisibles y a hacerse dueñas desde bien temprano de su destino. En esa misión el dominio de idiomas extranjeros resulta imprescindible. El próximo curso en Canarias se incrementará progresivamente el número de horas y de asignaturas que se dedicarán a las sesiones de clase en lengua extranjera, con el objetivo de que como mínimo el 87% de los centros de Infantil y Primaria alcancen niveles adecuados de inmersión lingüística, llegando a un nivel B1 al final de Secundaria y un B2 en Bachillerato. Habrá que someterlos a examen para comprobar su grado de éxito y empezar la rendición de cuentas. La enseñanza canaria, es evidente, necesita de un estirón. Queda muchísimo por hacer.

Es importante otorgar socialmente al profesor un valor acorde a la importancia de su papel, porque también ellos se enfrentan a retos y cambios. Es necesario que el profesorado esté preparado para la educación del siglo XXI. No se puede estar enseñando en muchos centros como hace cuarenta años, primando lo memorístico y lo repetitivo, pero tampoco sirve relegar o minusvalorar la memoria porque forma parte del proceso del aprendizaje. La carrera docente demanda una profunda reforma. Los profesores tiene que someterse también a una evaluación continua, con menos burocracia, y un sistema de acceso a la carrera más selectivo, riguroso y exigente con una promoción interna, mediante evaluaciones, con incentivos económicos y profesionales. La FP ha mejorado mucho en los últimos años, y la matrícula se ha incrementado con más estudiantes en esta rama que en Bachillerato. La enseñanza dual, un sistema instalado en Alemania, va, sin embargo, despacio porque las empresas se resisten a contratar al alumnado, salvo excepciones.

La lucha contra la corrupción, contra el acoso y la violencia doméstica, contra el insulto y el mal uso de las redes sociales, contra el consumo de alcohol y drogas, las campañas por una buena alimentación, por la seguridad vial o por el emprendimiento tienen que empezar en la escuela. Una buena instrucción no solo moldea ciudadanos mejores, críticos e independientes, sino que multiplica sus oportunidades, si como exponía el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, este viernes en el Colegio Claret de Tamaraceite, "los valores morales de la Educación son los que esta sociedad necesita" no habrá renacimiento ni relanzamiento si la enseñanza no acomete el giro radical que el sentido común aconseja. Muchas cosas deben cambiar en nuestro sistema educativo, al margen de leyes educativas. A sus responsables les espera una faena apasionante y decisiva si de verdad aterrizan dispuestos a afrontarla. El conocimiento es libertad, sostenía Unamuno. Una educación de calidad hace a los hombres más libres. Los másteres, los títulos profesionales o los grados no proporcionan el bienestar ni la prosperidad, pero ayudan mucho a conseguirlos.

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