Tribuna abierta

La Justicia y la proliferación de leyes en nuestro país

12.06.2016 | 02:00

El Derecho y la Justicia (su fin) están fundamentalmente basadas en el Derecho romano y el aforismo de Ulpiano, en definitiva "dar a cada uno lo suyo y lo que le pertenece" (suum cuique tribuere), en unión de las prescripciones del propio autor, jurisconsulto con facultades para "decir el derecho" (jurisdictio) en unión de los principios honeste vivere (vivir con honradez en el más amplio sentido de la palabra) y el alterum non laedere (no dañar a otro), básicos de la convivencia social del ser humano.

Y para ello, para tan noble fin de lograr en la medida de lo posible la Justicia surge la Ley, según la definición clásica tomista "ordenación de la razón al bien común"€ Y por esto surgieron desde la antigüedad el Senado y los Parlamentos tanto en la antigua Grecia como en Roma que fue el culmen del Derecho clásico que ha llegado hasta nuestros días a través de las Pandectas o Instituta del Emperador Justiniano y que posteriormente asumió la Revolución Francesa con Napoleón Bonaparte y su célebre Trilogía: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Pero ¿qué ha ocurrido, en particular en nuestro país? La proliferación legislativa que algún jurista ha llamado la "diarrea", ahora acrecentada con diecisiete Cámaras legislativas autonómicas que muchas veces legislan aparte de mal y contradictoriamente produciendo "antinomias" o sobre objetos y causas cuya competencia no pueden asumir porque son reservadas del Estado Central, como por ejemplo los Mares interiores, Costas, Espacios aéreos, Mar territorial, etc. etc.

Y he leído con delectación recientemente un artículo de opinión de José María Ruiz Soroa, sobre este problema que titula ¡Dejen de legislar!, y que afirma este letrado en ejercicio de prestigio, que la vorágine normativa ha devaluado el Estado de derecho, citando a Giovanni Sartori y su célebre frase "el Estado de derecho no es Estado que crea a su albedrío y sin cesar un nuevo derecho, sino un Estado en el que el ejercicio del poder está limitado por vínculos jurídicos precisos y estables". Y añade, "la praxis contemporánea de gobernar legislando está vaciando el Estado de derecho, convirtiéndolo en un gobierno de los hombres aunque sea en nombre de la ley", y más adelante afirma "el exceso de derecho provoca su inoperatividad real, el marco normativo español es complejo, confuso (y yo añadiría "profuso y difuso"), en continuo cambio, de mala calidad, genera incertidumbre e inseguridad jurídica, desincentiva la eficiencia y el emprendimiento y eleva los costes del sistema. Esta es una frase lapidaria de Carlos Sebastián en su obra España estancada.

Y para mi asombro me entero, aunque tenía idea de ello, de que España se rige por cien mil disposiciones normativas, diez veces más que Alemania, un país cuyos länders también disponen la capacidad normativa, y que nos duplica en población, más de noventa millones de habitantes. Y concluye el autor, "el problema no es ya de calidad técnica, eso sería un problema jurídico, el problema es de mal funcionamiento sistemático de las instituciones, y eso es un "problema político", y lleva consigo además triste y lamentablemente, el retraso inconmensurable de la justicia española que a veces cuando dicta una resolución después de los numerosos recursos, ha pasado más de diez y quince años y esto, aunque sea al final una resolución legal, no es justicia, pues quizás las circunstancias significativas objetivas y personales han cambiado notoriamente, a veces contradiciendo las anteriores (la célebre cláusula rebús sic stantibus, estando así las cosas...).

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