Retales de la historia (268)

José Murphy, munícipe (1)

12.06.2016 | 02:00

La vida y obra de José Murphy y Meade (1774-1841), considerado por muchos como el mejor político tinerfeño y padre de la capitalidad de Santa Cruz, ha sido tratada con detalle y con la atención que el personaje se merece por el gran investigador que fue el recordado Marcos Guimerá Peraza, que nos dejó un magnífico y exhaustivo trabajo biográfico del personaje. Por tanto, sin pretender competir ni colisionar con este completísimo estudio, dedicamos estos artículos a su faceta como miembro del Ayuntamiento de Santa Cruz, a la luz de las actas de las sesiones municipales.

Por primera vez se le cita en marzo de 1801, al producirse el relevo del alcalde Simón de Lara y Ocampo por Juan Eugenio Casalon, en unión del cual es elegido Murphy primer diputado, lo que hoy sería concejal. Lara cita a ambos en su casa para que juren sus cargos, pero Casalon no se presenta y no comenzará a ejercer hasta el mes de mayo. A Casalon sucederá en 1811 José Zárate y Penichet, y Murphy continuará como diputado. El ámbito competencial de estas corporaciones, cuando aún Santa Cruz no era villa exenta, era muy limitado y la mayor parte de las decisiones, las de más importancia, las tomaba el Cabildo en La Laguna, dejando a los ayuntamientos los asuntos que podríamos llamar menores. Así, en noviembre se acuerda fijar nuevo precio para el pan blanco y casero como consecuencia de la baja del trigo. En enero siguiente, como diputado decano, interviene en la sesión para fijar precios a los arenques ahumados y sardinas, señalando el número de piezas por barril y las sanciones en caso de incumplimiento.

En 1805, -hacía dos años desde que a Santa Cruz se le había concedido el título de villa exenta, dejando de depender política y administrativamente de La Laguna-, se encendieron las alarmas ante un posible nuevo ataque e intento de invasión de la armada de Inglaterra. El alcalde González Sopranis, siguiendo el plan en vigor cuando el frustrado ataque de Horacio Nelson, ordenó la formación de quince rondas, cada una bajo las órdenes de un cabo, y uno de ellos, presentado voluntario, era José Murphy. En diciembre de este mismo año 1805 es nombrado síndico personero por el alcalde González Sopranis y participa en la acreditación a Francisco Mandillo, en cumplimiento de Provisión de la Real Audiencia, para que pueda concurrir -según se especificaba- a las elecciones de empleos de Justicia y República. Pero su actividad municipal no se interrumpe y continúa como diputado y síndico personero con el siguiente alcalde José Guezala, interviniendo en las posturas de abastos y en el proyecto de supresión de las revendedoras y regatonas, a las que se les atribuía la carestía de los artículos de primera necesidad, y sobre lo que se acuerda consultar con la Real Audiencia. Sin embargo, adelantándose a sus tiempos, Murphy se muestra decidido partidario de la libertad comercial al expresar en sesión municipal que debería dejarse de poner precios a los abastos, norma que consideraba las más de las veces perjudicial, siendo partidario de que se deje libertad para el comercio de menudeo.

Otra actividad relacionada con las obligaciones municipales fue su participación en la confección del padrón de la Villa en 1807, para el que se hacía asignando a cada diputado o concejal un sector de la población. A Murphy le correspondió el barrio del Toscal y el censo de las calles San Francisco, Campo Blanco, San Juan -Bautista-, Santa Rosalía, Santa Rosa -de Lima-, San Martín, Marina, y San Francisco Xavier.
En 1808 es nombrado por la Junta de La Laguna comisionado ante la de Sevilla y no regresará a Tenerife hasta el año siguiente, reintegrándose a las tareas municipales y participando en la reunión convocada en 1810 por el alcalde José Víctor Domínguez en defensa de los intereses de Santa Cruz, reunión a la que asistieron exalcaldes, síndicos y diputados -Nicolás González Sopranis, Antonio Quevedo, Víctor Monjuy, Miguel Bosq, Juan de Matos, entre otros- para tratar de las normas de elección de diputados a Cortes que pretendían despojar a esta Villa de lo que todos los vecinos están persuadidos pertenecerle con arreglo a los testimonios de la Rl. Cedula y Privilegios de Villazgo. Poco después, cuando el comandante general Ramón de Carvajal cede las atribuciones sobre las aguas al ayuntamiento y pide se le informe a quién debe entregar los documentos existentes y un fondo de 10.640 rs. 9 mrs., se le contesta que entregue los documentos al secretario del ayuntamiento y los fondos a Josef Murphy, al que se nombra depositario. También recibe liquidación por reparación de las atarjeas del alcalde del agua Vicente Martinón, y del producto de Caños y Aguada que le entrega el administrador de la Aduana.¡
*De la Tertulia Amigos del 25 de Julio (www.amigos25julio.com)

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine