Tribuna abierta

El sentido del humor no cura, pero ayuda

09.06.2016 | 02:00

A muchas personas les extrañará por qué los psicólogos insistimos tanto en la importancia de desarrollar y potenciar el sentido del humor. Y es que tener sentido del humor es una de las principales fortalezas del ser humano. Para tener bienestar, tanto físico como mental, es necesario tener la higiene mental suficiente a la hora de poner la atención en el lugar que nos hace sentir bien y no en la preocupación.
¡Ojo!, no se trata de ignorar lo que nos sucede o de distorsionar la realidad, sino de aprender a desdramatizar eso que nos sucede. Es evidente, y normal, que ciertas situaciones nos provoquen malestar, tristeza o miedo, y por tener sentido del humor no vamos a lograr evitar que lo pasemos mal pero sí nos va a permitir dar a esos momentos la importancia justa y nos ayudará a superarlos más rápidamente y con un menor coste emocional. Es cierto que no podemos elegir gran parte de lo que nos sucede, pero siempre podemos elegir la actitud que tomamos y la interpretación que hacemos ante lo que nos acontece.

Los expertos de la medicina insisten cada vez más en los efectos saludables del sentido del humor sobre el bienestar físico y mental. Reduce el estrés y la ansiedad, previene la depresión, activa la parte creativa de nuestro cerebro, poniendo en marcha nuestro ingenio, por lo que nos va a ayuda a afrontar los momentos difíciles de mejor manera y a encontrar diferentes salidas a una misma situación. Las personas que se ríen y tienen sentido del humor soportan mejor las contrariedades de la vida y, además, mejoran las relaciones interpersonales. ¿Vale la pena empezar a practicarlo o no? Para desarrollar el sentido de humor debemos aprender a:

1. Reírse de uno mismo: cuando nos reímos de nuestros defectos, desdramatizamos nuestros fracasos y somos capaces de verlo con ironía y expresarlo a los demás, nos empezamos a sentir mejor y a mejorar la percepción que tenemos de nosotros mismos. Mejora nuestra autoestima.

2. Buscar diferentes interpretaciones a lo que nos sucede. Debemos preguntarnos: ¿Qué consejo le daría a un amigo si estuviera viviendo esta situación? Con frecuencia hacemos dramas de nimiedades y tenemos que tener en cuenta que cuando hacemos una interpretación negativa y exagerada, estamos generando unas emociones también exageradas. Se trata de buscar la interpretación menos desagradable. La motivación es nuestro motor de acción y cuando nos disponemos a afrontar una situación desagradable, estaremos menos motivados.

3. Utilizar un pensamiento flexible: acabar con pensamientos exigentes y extremistas de "todo o nada", "blanco o negro", que lo único que conseguimos con ellos es ser poco tolerante con los demás y con nosotros mismos.

4. Aceptar que no siempre las cosas salen como nosotros esperamos y que en un primer momento es normal que aparezca el dolor y la frustración pero añadiendo humor lo vivimos y superamos de diferente manera.

5. Sonreír: se ha demostrado que el cerebro no sabe diferenciar entre una sonrisa falsa y una real ya que interpreta la posición de los músculos de la cara de la misma manera. Por tanto sonreír es una forma de reducir la tristeza. Cuando mantenemos una sonrisa forzada durante unos minutos, el cerebro interpreta que lo que está sucediendo a tu alrededor es agradable para ti por lo que va a generarte unas emociones coherentes con tu gesto facial. No significa que vayas a pasar de un estado de tristeza a uno de felicidad plena, pero si vas a poder modular la intensidad de tus emociones y te vas a sentir mejor.

6. Disfruta de lo que haces en cada momento.

El sentido de humor no cura, pero sí ayuda.
tamaraconsulta@gmail.com

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