Tribuna abierta

Votar, una decisión inteligente

08.06.2016 | 02:00

L os españoles llevamos desde el 15 de junio de 1977, fecha donde se produjeron las primeras elecciones generales libres de nuestro país -desde los tiempos de la Segunda República-, configurando cada cuatro años las Cortes (El Congreso de los Diputados y el Senado) a través de nuestros votos.

Desde el pasado 20 de diciembre, España ha estado con un gobierno en funciones, contemplado en el Título IV de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, de la Constitución Española. Desde que estamos en esta tesitura, hemos recibido gran cantidad de información y desinformación (si no la entendemos o está manipulada), procedente de distintos medios de comunicación, de las redes sociales o de nuestro propio vecino. Los medios de comunicación poseen diversas líneas editoriales y, en función de estas, le darán un determinado tratamiento a la información. Por esta razón, no deberíamos consumir siempre los mismos medios, ni escuchar siempre a los mismos periodistas, porque como dijo uno de ellos, Ryszard Kapuscinski: "Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante".

Al mismo tiempo, sé que existe un gran desencanto con los políticos y que a muchos de los ciudadanos les pueden resultar despreciables, ya sea por su incapacidad para gestionar el país, por sus promesas incumplidas, por permitir injusticias, por hacer el paripé y, entre otras cosas, por aparentar ser unos señores y, luego, terminar siendo unos ladrones. A pesar de todo esto, el compromiso de los ciudadanos debe trascender la casilla, porque el voto, aunque no es obligatorio, es un derecho que tenemos como ciudadanos en nuestro país, debido a que pertenecemos a un Estado social y democrático de derecho. Igualmente, es un deber cívico que no podemos eludir. Votar significa elegir y elegir significa decidir, y es que si no elegimos al mejor gobernador, ¿cómo vamos a mejorar como sociedad?

Por ende, los comicios deberían aglutinar a todos los españoles, incluso a los que viven fuera de nuestras fronteras. Indistintamente, no existe justificación para que una parte de la población sea absentista, que supongo que lo es por una cuestión de pereza, porque nunca le ha importado la política o, simplemente, porque se cansaron de tener que ir a una segunda vuelta. El problema de ello es que si no vota, no solo está dejando que otras personas tomen la decisión de elegir por ella, sino que las decisiones que tome el partido ganador resulten contrarias a sus intereses particulares. En esa medida, el voto tiene consecuencias directas sobre la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Por ello, lean, documéntense, contrasten la información que reciban, reflexionen sobre que opción merecen sus votos, y lo más importante, voten, porque llana y sencillamente, "la democracia consiste en poner bajo control al poder político" (Karl Popper, 1902-1904, filósofo y teórico de la ciencia).

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