La Ciprea

El Salto del Negro

06.06.2016 | 23:18

E stuve allí. Leí como pude el texto que debía leer y lo hice atropelladamente y excesivamente nerviosa y emocionada. Era demasiada la tensión que me rodeaba. Ellos solos, allí sentados, en silencio, escuchando todos aquellos discursos venidos de afuera. Imagino que discursos parecidos a otros discursos que les ofrece la calle y los que vienen de la calle. Yo les hablé de literatura, de la libertad de volar cuando escribes. De vuelos. Una cursilada –pensé- ¡Qué les importarán a ellos las metáforas de pájaros y todas esas sandeces sobre la libertad que no tienen! Luego me senté en el patio de butacas para escuchar cantar a un grupo de presos que nos ofrecían un concierto. Me había levantado de la primera fila y me había ido hacia el centro de la sala para ver mejor el escenario. Me sentía segura entre ellos.

Nos ofrecieron su música, sus canciones. El Muro, La Flaca, y una canción de rock duro que no entendí bien la letra. Había un presentador que me llamaba "señora" y me daba explicaciones sobre las razones de muchos para estar allí. "No somos mala gente" me decía dirigiéndose a mí como si allí no hubiera nadie más. "Usted me entiende, ¿verdad, señora?" Creo que sí. Se dirigía a mí porque sabía que yo lo estaba entendiendo. Precisamente había hablado sobre ello en mi pequeño discurso de tonta sentimental que lee cuentos de presos en un concurso de presos con historias reales que nacen de las tripas y de la memoria de aquellos que llevan años sin salir a la vida. Delante de mí un preso se vuelve, me toca una pierna, me hace un guiño y declara: "Esto es teatro. Todo es teatro". Me lo dice dándome palmadas en la rodilla como si fuéramos coleguillas. Sonrío. "Lo sé, le digo. Fuera pasa lo mismo. Todo es teatro".

En el escenario un grupo canta dando lo mejor de sí mismos en aquellos momentos. En el patio de butacas, risas cómplices, aplausos, y hasta gritos de entusiasmo. Lejos, sus crímenes, sus historias, sus delitos. El que parece el director de la improvisada orquesta y que hace solo un rato me daba explicaciones, toca una batería fabricada por él mismo con viejos cacharros de cocina. No hay dinero para una batería en condiciones. ¿No hay dinero en este país para una batería nueva para unos hombres que intentan ser algo también nuevo después de vivir años entre veinte paredes? No lo creo. Creo que hay dinero suficiente en nuestras arcas para organizar una orquesta. Yo les organizo una orquesta. Que si la literatura ofrece un camino, la música ofrece dos. Yo busco al director y se la organizo en siete días. Pónganme a prueba.

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