Tribuna abierta

El poder de la palabra

07.06.2016 | 02:00

L a palabra, en sí misma, tiene el poder de crear y de destruir. Nuestra vida se direcciona en el sentido de nuestras palabras. Intentamos ser delicados y buscamos las adecuadas, concienzudos en nuestro diálogo para transmitir bien nuestro mensaje y que este llegue en condiciones adecuadas al receptor. Los malos entendidos y la falta de comunicación hacen que amistades, relaciones, políticas y países enteros, vayan a la quiebra. Así de grande es el poder de la palabra y del lenguaje. La palabra misma crea, dicen, pues es con ella con la que manifestamos sentimientos y pensamientos.

Desde el punto de vista antropológico y etnológico, el lenguaje articulado constituye una de las características que separan al hombre de los seres irracionales. El humano necesita relacionarse con sus semejantes y el principal instrumento de comunicación es el lenguaje, haciendo que los individuos se entiendan entre sí. Si no, sería más difícil la convivencia social y más primitiva nuestra forma de vida. Me pregunto entonces si no estamos siendo muy primitivos a la hora de entendernos porque no parece que se lleguen a alcanzar buenos acuerdos.

Así, el lenguaje nos da la posibilidad del conocimiento y de medio de comunicación o expresión del pensamiento. En palabras del lingüista sueco Malmberg (1889-1958) "El lenguaje no es sólo un medio de comunicación€; es también una manera de pensar, de estructurar un contenido y, de hecho, es la única manera de hacerlo". Gracias al lenguaje podemos construir nuestras ideas y expresarlas.
Hoy en día la Comunicracia, gobierno de la comunicación, marca nuestro escenario global y envueltos en los acontecimientos actuales se hace más necesario aún la buena comunicación para el buen desarrollo social. No es exagerado pues, hablar de necesidad vital viendo los últimos sucesos que han marcado la evolución económica, política y social de los últimos meses. En España la incapacidad para formar Gobierno que nos lleva a repetir elecciones; en el Reino Unido la permanencia o no en la Unión europea; la Campaña electoral de Estados Unidos; los disturbios franceses por la reforma laboral; la crisis económica china y, por supuesto, la desoladora, brutal y sobrecogedora crisis de los refugiados.

Los próximos debates, protagonistas de la incertidumbre política en la que estamos sumidos serán testigos del uso del lenguaje y la palabra. Sigo en la esperanza, supongo que por mi carácter optimista -si no, no se explica- de que los protagonistas de tan honorable cometido puedan aclarar y estructurar sus procesos mentales en pro de la buena comunicación y entendimiento para la mejor convivencia de todos. Palabras como "omertá" o "sorpasso" últimamente protagonistas en nuestro diálogo discursivo deben dejar paso a palabras de logro y de apuesta en común sin reservas. Palabras que no rindan pleitesía sin razón, que no pisen ni atropellen al vecino -normalmente el más débil- y palabras que no sean guardadas en pactos de silencios convenidos. Palabras que respeten este mundo diverso de personas que creo, coinciden en lo prioritario y esencial.

En palabras de Esperanza Guisán (1945-2015) que entendía la democracia como algo más que un sistema instrumental, "Cuanto más luches por la felicidad global, más honda y duradera será tu felicidad propia". Esperemos que sus palabras sienten cátedra en todos nosotros.

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