A la contra

Del lado de la gente

05.06.2016 | 02:00

Una de las fortunas más grandes que tenemos las personas que nos dedicamos a la comunicación es la oportunidad de escuchar a la gente y poder serle útil. Últimamente escucho a mucha gente desgraciada, perdida, desesperanzada, pero también observo cómo mucha gente, ante la debilidad de quienes protagonizan las historias, se convierte en la fuerza, estímulo y ayuda para esos ciudadanos. Hoy comparto dos casos.

La lucha de Kiara

Kiara es una joven del Sur, de Guía de Isora. Tiene 15 años y padece el síndrome de Gondenhar, una enfermedad de las denominadas raras que ha generado una displasia óculo-aurículo-vertebral en su rostro.
Hace un año, Kiara fue sometida a una intervención quirúrgica, y, a raíz de esa operación, dejó de caminar. En la actualidad utiliza una silla de ruedas para moverse y su vida ha dado un giro radical. Su familia ha tenido que cambiarse de domicilio para que Kiara pueda acudir a un instituto adecuado y ha tenido que salir del sur de Tenerife para trasladarse al norte, a Tacoronte, lejos de su abuela y su tía, pilares en el día a día de Kiara.
Antes de la operación, Kiara era una persona autónoma que no necesitaba ayuda de nadie en su vida cotidiana pero, tras perder movilidad en las piernas, depende completamente de su familia para tareas tan básicas como el aseo o el cuidado personal.
Su madre, su tía y su abuela visitaron Mírame Televisión para pedirnos ayuda. Las atendió mi compañero y amigo Víctor Brito. María, la madre de Kiara, lleva en paro más de dos años y su marido también se encuentra en la misma situación. Reciben una prestación de 300 euros que utilizan para sufragar los gastos de la rehabilitación de Kiara, vital para estimular sus extremidades y avanzar en la enfermedad.
La vivienda en la que residen en El Pris no está adaptada para su hija. Tiene muchas escaleras y sus padres tienen que subirla y bajarla en brazos porque ella no puede hacerlo por sí misma. Además, es una vivienda de escasas dimensiones que no permite a Kiara realizar los ejercicios de rehabilitación que los fisioterapeutas recomiendan a la joven que practique en su casa.
Elisa, su abuela materna, se emociona al hablar de su nieta: "Era una niña muy activa. Cuando la veo sin poder caminar, se me parte el alma".
Para su abuela, lo más importante es buscar ayuda para mejorar la vida de su nieta: "Necesitamos que nos echen una mano con la rehabilitación de la niña y que algún fisioterapeuta la pueda atender de manera gratuita". Tiene muchas aficiones. "Le encanta la repostería y quiere aprender a tocar el piano, cantar y bailar hip hop. Parece que, ahora que tiene menos movilidad, es cuando quiere hacer más cosas", relata su madre María.
Toda su familia coincide en la fortaleza que tiene Kiara, en la actitud tan positiva que ha tenido para enfrentarse a su enfermedad y a la pérdida de la movilidad en sus piernas: "Kiara ha sido la que nos ha enseñado a nosotros".
Agradeceré que quien tras la lectura de ésta información, y buenamente pueda, ayude a esta familia desesperada con algo tan básico, pero imposible para la maltrecha economía de Kiara y los suyos, como son los servicios de rehabilitación. A las administraciones, que ya tienen constancia de lo que le sucede a esta joven tinerfeña, solo decirles que a cada día que pasan me parecen más inútiles y sinvergüenzas.

Rosa Nieves recuperó su derecho a tener casa

Desde este periódico, hemos seguido muy de cerca el caso de Rosa Nieves, una mujer víctima de violencia de género que ha sufrido siete desahucios, que está enferma y que tiene un menor a su cargo con un trastorno reconocido de déficit de atención por hiperactividad.
El último desahucio se producía el 19 de mayo. Rosa Nieves se quedaba de nuevo sin vivienda pero aceptaba una ayuda de alquiler durante seis meses propuesta por el Ayuntamiento de La Laguna para aliviar su situación. Con esta nueva realidad, Rosa Nieves tenía que esperar durante diez días hasta que le entregaran una vivienda en alquiler que desde el Consistorio lagunero habían negociado con la inmobiliaria Crevia, previo pago por adelantado de los seis meses de alquiler. Diez días en los que Rosa Nieves iba a pasar en casa de unos familiares de su pareja y su hijo en casa de una amiga en el norte de la Isla. Desde el Ayuntamiento le ofrecieron una pensión para que pudieran estar los dos juntos, pero Rosa Nieves tiene miedo a estar sola con su hijo y volver a sufrir alguna dolencia en el corazón sin ninguna persona adulta a su lado que la pueda ayudar y, por eso, desechó esa opción.
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha estado asesorando y apoyando a Rosa Nieves en todo momento. Desde la PAH consideran que el itinerario que se ha seguido con Rosa Nieves no ha sido el adecuado.
Su portavoz, Inma Évora, ha asegurado en varias ocasiones que las continuas ayudas de alquiler que el Ayuntamiento ofrecía a Rosa Nieves eran solo una ayuda puntual y no definitiva, "un parche". "El perfil de Rosa Nieves debería ser un caso prioritario para proponerla como adjudicataria de una vivienda protegida del Gobierno de Canarias", añade Évora.
Ante la solución de alquiler de seis meses propuesta por el Ayuntamiento de La Laguna, la PAH recomendó a Rosa Nieves que acudiera al Instituto Canario de la Vivienda (ICV) para exponer su caso a los trabajadores sociales.
Tras acudir al ICV, los técnicos llegaron a la conclusión que es un caso prioritario y que Rosa Nieves puede ser adjudicataria de una vivienda vacante en el camino de La Hornera, en el municipio de La Laguna. Los trabajadores comunicaron el caso a José Gregorio Pérez, director del Instituto Canario de la Vivienda, que trasladó la valoración al Ayuntamiento de La Laguna y en una comisión de servicios sociales aprobaron la concesión de la vivienda a Rosa Nieves y su hijo.
Tras años de lucha, por fin Rosa Nieves y su hijo tendrán una vivienda social en la que residir, un hogar donde olvidar los continuos desahucios y seguir hacia adelante.
Como verán, esta historia terrible ha tenido final feliz. Ha costado, pero definitivamente madre e hijo han recuperado su derecho, y con él la dignidad, de contar con un techo. A los que han solucionado el problema, después de vociferarlo mediáticamente, no esperen que les demos las gracias. Ni de coña. Es su trabajo, y por eso les pagamos. Y bastante caros que nos salen.

Postdata

Solo estando del lado de la gente, los medios de comunicación recuperaremos la credibilidad perdida. No olvidemos que los periodistas no estamos tan bien vistos como creemos. Basta con revisar las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que nos dibujaban hace bien poco tan enmierdados para la opinión pública como los políticos corruptos, la Casa Real o los bancos. La gente solo nos pide ser su voz, mantener (en la medida de nuestras posibilidades) la independencia, y contar la verdad, aunque sea jodida.

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