Tribuna abierta

Presión y depresión

02.06.2016 | 02:00

Los tipos tributarios reaparecen en el discurso electoralista como juguetes de quita y pon. Mientras que Rajoy promete rebajas generales si vuelve a presidir el gobierno, Pedro Sánchez anuncia subidas a las rentas altas si el destino le sonríe -como dijo Pablo Iglesias- y llega ileso a La Moncloa. La derecha opta por la depresión (o descompresión, para ser precisos) y el centroizquierda por la mayor presión. El optimismo del PP ya ha sido contextualizado por De Guindos al condicionar la mejora fiscal al crecimiento económico, la mayor recaudación y la reducción del déficit. Casi nada. Más aún: si falla el crecimiento, los pequeños retoques que prescribe Bruselas serán recortes de tomo y lomo. Así piensa el ministro de Economía en funciones, mientras que su colega de Hacienda permanece en silencio, sin respaldar la promesa del líder.

Mal se avienen las diferencias en política fiscal con la insistencia de Rajoy en gobernar con el PSOE. Sánchez promete que, por él, no habrá terceras elecciones. En román paladino, parece excluir vetos y líneas rojas para negociar una mayoría parlamentaria si las urnas repiten más o menos los resultados de diciembre. El PP le ha tomado la palabra con un vídeo de precampaña en el que la simbólica línea roja salta hecha pedazos para dar paso al vocablo "Futuro". Se han pasado un pelín. El candidato socialista pudo referirse a los populares, los podemitas o ambos alternativamente, dependiendo de la ración que le toque en los respectivos pactos. Es lo que no ha aclarado pero, obviamente, su partido ocupa el centro del campo y la mayoría de gobierno será inseparable de la posición que adopte tras el escrutinio del 26J.

Con previsiones fiscales tan diferentes, la gran coalición sigue en el aire. No es de recibo una reforma tributaria que castigue las rentas altas, salvo que sean altísimas. Estos planteamientos ceden a los populares la captación de creyentes en la necesidad vital de restaurar la maltrecha clase media, casi liquidada en el galope de la desigualdad. A ese nivel, las rentas capaces de reforzar con "muchos pocos" el tejido productivo pueden parecer altísimas, aunque no lo sean, comparadas con las del precariado laboral y las del paro. Si las maltratan, seguirá la fuga legal de capitales que, como se ha visto con los Papeles de Panamá, no siempre procede de las grandes fortunas. En todo caso, parece sospechoso verbalizar estos compromisos tras el fracaso de todos los partidos en la formación de una mayoría. Es un dato histórico el que las promesas electorales estén para no cumplirlas, pero deberían buscar otros banderines de enganche.

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