In memoriam

Adios a Pedro González, artista universal y gran alcalde de su ciudad

29.05.2016 | 02:00

C onocí a Pedro González en las célebres tertulias, muchas veces improvisadas, en la antigua sede del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, ubicada en el propio edificio de la Audiencia Provincial, en la Plaza de San Francisco.

Iba casi a diario a hablar de arte y literatura con su amigo íntimo D. Antonio Vizcaya Carpenter, secretario no letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, reuniéndose en la Biblioteca del mismo.

Era un hombre cordial, educado y amable donde los haya y de fácil diálogo. Estaba lleno de vida y había regresado de Venezuela con grandes inquietudes intelectuales y especialmente en el noble arte de la pintura.

Posteriormente y tras la muerte de Franco y tras reconocerse al hombre libre pensador y orientado en la izquierda socialista sin militar en ningún partido político, se presentó como candidato independiente a la Alcaldía de La Laguna en las primeras elecciones libres de 1979, a las que yo también me presentaba por la Coalición Conservadora Liberal y Democristiana, AP.PDP.UL, presidida por Manuel Fraga, habiendo obtenido no sólo el acta de concejal, sino también, pues iba de número tres por la isla de Tenerife, el Acta de diputado en la Primera Legislatura del Parlamento de Canarias.

De ahí que pueda hablar con conocimiento de causa de las vicisitudes e inquietudes políticas de Pedro González como alcalde, de su entrañable amor a La Laguna y a todos sus barrios, del impulso que le dio a su ciudad natal, antigua capital de la isla y Cabildo Insular a la que transformó para bien poniendo orden y concierto en la mejora no sólo del Centro Histórico sino de todos sus pueblos y barrios con su enorme preocupación por los barrios más periféricos y de inferior nivel de vida.

Recuerdo que en la primera legislatura empató con José Luis Mederos Aparicio que iba por el Partido de Suárez, UCD, y sólo gracias al voto de Asamblea Lagunera, partido de izquierda radical con matices independentistas, logró la investidura y la constitución del nuevo Ayuntamiento.

Tuvo la enorme habilidad de conceder a la oposición diversas áreas de servicio y de representación local como fue la de Agricultura concedida al secretario de la Cámara Sindical Agraria de Tejina y la ya importante área de Patrimonio y Turismo a José Luis Sánchez, que iba en nuestra candidatura y tenía una agencia de viajes denominada Ondina, que también tenía inquietudes artísticas y teatrales y organizaba los eventos e incluso viajes al extranjero, algunos tan importantes como el hermanamiento de la ciudad de Sao Paulo, la capital industrial de Brasil, en honor del Venerable y hoy Santo, José de Anchieta y Llerena, natural de esta ciudad donde nació en la casa después reformada que vivió el poeta D. Manuel Verdugo, al lado de la casa del Marqués de Celada, hoy el Hotel Nivaria, y fue un verdadero éxito la excursión a aquellas lejanas tierras del Subcontinente iberoamericano visitando las célebres Cataratas de Iguazú.

Pedro González en la Alcaldía continuaba con sus pinturas y profesorado en la Escuela de Bellas Artes, de la que fue decano llegando a obtener el premio Canarias de Bellas Artes entre otros, especialmente por su Cosmoarte, creación suya y sus visiones oníricas de torres inclinadas como la de la Concepción de La Laguna, la Catedral, etc. y la de la invasión de "las pateras" que ponían en peligro de muerte a muchísimos seres humanos migrantes del vecino continente africano, con sus figuras desesperadas agonizantes o ahogadas en el mar tenebroso, iluminado quizás con la luz fría de la luna de un realismo asombroso.

Por último, señalar que Pedro, el gran alcalde, universal pintor, se caracterizaba por el tratamiento del abstracto y los colores grisáceos, ser un pensador y conversador ilustre, pero sobre todo mejor persona, y en definitiva fue uno de los grandes hombres no sólo de su ciudad natal y generación, sino de Canarias, y su recuerdo permanecerá siempre presente en cuantos le conocimos y disfrutamos de su amistad y buen hacer en todos los ámbitos de la vida.

A sus familiares directos, a sus hijos Cristina, Eladio y Conchi, hijos políticos y su siempre recordada y querida esposa Chicha Zerolo, mi testimonio más sentido de pésame por su ausencia definitiva de este mundo, aunque con la confianza y la esperanza de un hasta luego, pues todos somos tributarios desde el inicio de la vida de su propia extinción.

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