Tribuna abierta

Hasta pronto, flaco

28.05.2016 | 02:00

A yer, hojeando los periódicos, leí la efeméride: un mismo día juntaba los cumpleaños de Kevin Garnett, Andrea Pirlo y Diego Forlán. La coincidencia me pareció melancólica. Pensé que hacía tiempo que no veía a Garnett haciendo aquellos mates brutales e intimidatorios vestido con la camiseta de los Boston, como tampoco vería más a Pirlo jugando con la Juve o con Italia y metiendo goles imposibles de falta; ¿qué decir de Forlán y sus mil recursos para rematar? Garnett me hizo pensar en Paul Pierce y en Larry Bird. Supe que hacía tiempo que había aceptado, sin darme cuenta, que tampoco volveré a verlos jugar. Ya no veré los triples de El pájaro como los clavaba en los Celtics o en aquellas Olimpiadas de Barcelona 92, donde los aficionados vimos al Dream Team, un equipo de baloncesto irrepetible que juntó a Magic, Barkley, Mullin, Malone, Ewing, Robinson, Pippen o el incomparable Jordan. Aquel verano vi la mayor exhibición de talento en unos Juegos Olímpicos.

Claro, la NBA siguió adelante con nuevas estrellas entre las que hoy brilla con especial fuerza Stephen Curry; pero esta misma temporada dijo adiós otro de los más grandes, de los inolvidables: La Mamba Negra, Kobe Bryant, el jugador más parecido a Jordan que se vio desde aquellos años noventa grandiosos y triunfales en Chicago; pero las despedidas no acaban en la canasta. Los cumpleaños de Forlán y Pirlo me hicieron pensar en la muerte de Cruyff, uno de los mejores jugadores de la historia, un genio que se quedó sin Mundial pero dotó al Barcelona de un estilo y personalidad propios, transformándolo en el mejor equipo de este siglo. Johan quizá fue el primer futbolista moderno que, con la Hungría de los cincuenta en la memoria, llevó al Ájax y a la Holanda de los setenta a la conquista de Europa en los mejores años de fútbol que se vieron hasta aquel entonces.

Nos dejó el 14 y pensé en la retirada de otro jugador mágico: Juan Carlos Valerón, ese muchacho educadísimo y tímido que se despidió como vino, sin hacer ruido, en su isla, y que jugaba al fútbol como imagino que lo haría un ángel habilidoso, moviéndose con la elegancia del patinador sobre hielo y usando los trucos del genio, exquisito en sus acciones limpias y saturadas de recursos técnicos. Hoy sólo puedo darle las gracias y decirle: "Hasta pronto, flaco".

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