Luz de luna

La exsenadora de Santa Úrsula

25.05.2016 | 02:00

Creo que era en el cuento de Blancanieves donde aparecía el personaje de una bruja malvada que, en su afán por ser eternamente joven, se miraba al espejo una y otra vez, preguntándole quién era la mujer más hermosa del reino. El espejo, que nunca mentía, lo mismo que los niños y los borrachos, le respondía que ella era la más radiante, alimentando así su ego, a la par que se ufanaba en creer que estaba por encima del bien y el mal porque en sus manos residía el poder para eliminar a cualquier rival femenina. Pero la belleza no es ajena al paso del tiempo y la soberbia se convierte en un pecado, producto de la suma de actos y decisiones, reflejo del propio corazón.

Recuerdo haber estado en muchos plenos del Ayuntamiento de Santa Úrsula cuando Milagros Pérez León -entonces concejal del Partido Popular (PP) en la oposición- intentaba abrirse un hueco en la política local a base de enjuiciar y dilapidar todo lo que hacía la Agrupación Independiente de Santa Úrsula (AISU), con un exceso de protagonismo que ya apuntaba maneras. Sus propuestas eran las únicas y válidas, y todo lo demás estaba viciado o era una muestra de la inutilidad de quienes gobernaban en esos momentos, con un discurso basado en que se estaba dilapidando el erario municipal y que AISU tendía a colocar a personas afines a su partido dentro del Ayuntamiento.

Su posterior elección como alcaldesa demostró que ese mismo poder corrompe con una facilidad extrema y que la demagogia alimenta discursos de quienes solo quieren salir en las fotografías, creyéndose eternamente jóvenes e intocables. La que antes era ejemplo de manos limpias, acabó bebiendo de la fuente del pecado, contratando al parecer a dedo a gente vinculada a su ámbito entre 2011 y 2012 y reproduciendo lo mismo que antes había criticado, hasta que se descubrió todo el entramado y se vio salpicada por una acusación de prevaricación. El movimiento clave lo hizo el PP al incluirla en la lista para las elecciones al Senado de 2015, sabiendo que su elección sería más que segura en caso de que se viese envuelta en alguna ilegalidad, tal y como finalmente supuestamente se produjo, con lo cual estaría protegida por su condición de aforada; pero un nuevo golpe de efecto hizo que el propio partido la sacrificase con vistas al proceso electoral de 2016 para no dañar la imagen ya paupérrima de una formación envuelta en cientos de casos de corrupción.

La realidad es que la política desarrollada por esta señora es un ejemplo claro de cómo gobierna la derecha, infringiendo la ley sin tapujo alguno y generando beneficios y favores personales a través de extensas redes clientelares, a la vez que ni siquiera se le ha pasado por la cabeza reconocer públicamente el delito del que se le acusa y menos aún renunciar como concejal en el referido consistorio, el feudo que le permite seguir participando del entramado del sistema. Sus trajes caros y su verborrea agresiva no esconden que ha vulnerado los principios éticos de quien detenta un cargo como el suyo y sus manos están ya tan manchadas que habría que preguntarse cuál es el grado de credibilidad que tiene a la hora de trabajar por los vecinos, cuestionándome cómo mirarla a la cara cuando critique cualquier irregularidad si ella ha aportado su granito de arena.

Esta señora es un ejemplo del lastre que frena el avance de la sociedad, pero qué se puede esperar de quien ejemplifica la democracia defendiendo a los opositores venezolanos en su lucha por derrocar al dictador Nicolás Maduro, los mismos que están sufragados por Estados Unidos para intentar implantar otro Estado satélite en América latina, y quien en 2015 repartió papeletas al Senado con su candidatura marcada, mientras la de su compañero Antonio Alarcó figuraba en blanco. El espejo tenía razón: el poder corrompe lo mismo que creerse hermosa sin serlo.

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