A la contra

Usureros

22.05.2016 | 02:00

Conocí a Belén, de 36 años, en el plató de Mírame Televisión, el mismo día en el que los cumplía. Ella y su marido, de 35, se quedaron en paro en el año 2013. Ella era camarera de piso y él peón de la construcción. Este matrimonio canario tiene cuatros hijos menores de edad, el último de ellos de tan solo 15 meses de vida.

Compraron una casa en Cuevas Blancas, en Santa Cruz de Tenerife, pero las vueltas que da la vida podría dejarlos en la calle. Belén y su marido tienen dos hipotecas con dos bancos, el BBVA y el Banco Popular. Debido a su complicada situación económica han pedido una moratoria o alguna fórmula para pagar una cuota menor al mes porque no pueden hacerles frente (las dos hipotecas suman 542 euros mensuales). La razón por la que tienen que pagar dos hipotecas es porque así se los cerró un bróker que intermedió en la operación de compra y al que han intentado buscar, pero ahora no tienen noticias sobre su paradero.

El BBVA les ha propuesto unas condiciones que aliviarían de las cargas de la hipoteca a la familia, pero necesitan que el Banco Popular también las acepte. El problema es que el Popular no quiere. De hecho, en julio de 2015 la familia recibió una carta de ejecución hipotecaria para que reconocieran la deuda que acumulan, en torno a 45.000 euros. Presentaron un recurso para ganar tiempo en lo que intentan negociar una solución con los bancos. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, asegura Belén, les dice que desde febrero trabajan en ello pero no saben nada más.

Si se agota el tiempo, lo próximo será un desahucio, y Belén, su marido y sus cuatro hijos se quedarían en la calle. Han agotado el paro y no cobran ninguna ayuda. Están empezando a tramitar la PCI. Deben una cantidad importante a la comunidad de vecinos y sufren cortes de luz constantemente por impago. Belén no pide dinero, solo quiere que algún organismo medie en la negociación con las entidades financieras para evitar que le quiten su casa. La familia no tiene ingresos, por lo que el pago de una hipoteca tan alta es inasumible ahora mismo.
Belén lamenta que la situación haya terminado afectando a sus hijos mayores, unos gemelos de 15 años, que son conscientes de la situación familiar. Hasta el momento, Belén ha conseguido sacar a su familia adelante gracias al apoyo de su entorno y de algunas ONG que les facilitan alimentos. Asegura que no es ni mucho menos el único caso en su barrio y hace un llamamiento a los bancos para exigirles que cumplan su palabra.
El Banco Popular es una de las entidades españolas que han adquirido el compromiso de no desahuciar a familias que, por su situación económica, no puedan hacer frente al pago de una hipoteca, como la de Belén.

* Como carajo se llamen

No me gustan los bancos, seguramente yo tampoco a ellos. Pero reconozco que entidades tan usureras y poco sensibles como el Popular, Banco Pastor o como carajo se llamen me producen arcadas. Su actitud, en un momento en el que hasta los ruines se han vuelto un poco buenos, no procede. No vale ponerse chulo con los más débiles. No es justo ese comportamiento de vuelta, cuando de ida Belén y su esposo siempre cumplieron con la entidad. Ellos eran sus clientes, de esos que agrupados a otros tantos en España, arrojan buenos dividendos para el reparto entre propietarios. El Banco Popular, Pastor o como carajo quiera que se llamen debería de rebuscar entre sus cajas de caudales algo de sensibilidad para con los cuatro niños de este matrimonio. Chiquillos que ya vienen marcados por el sufrimiento y la desesperación de unos padres angustiados que diariamente sienten la presión de la entidad que quiere largarlos de su casa. Niños que vienen marcados por la crisis, la necesidad, el apuro. Y que son buenos chavales y no tienen culpa de nada de lo que les está pasando.

Es verdad que los bancos no están para regalar dinero, pero igual no les vendría mal un "aguantar por la situación de debilidad", cuando han hecho negocio en un país donde a las entidades financieras les hemos regalado tanto. Y siempre como cómplices de sus fechorías, los políticos, que, a sabiendas de la mamada bancaria a mansalva, hacían la vista gorda e incluso fabricaban leyes al corte en beneficio de ellos. Podría parecer que tengo algo contra los del Banco Popular, Pastor o como carajo quiera que se llamen. En absoluto. Con ese banco no tengo nada, ni las tarjetas, ni mis números rojos. Y mucho menos en su contra. Sólo me pregunto por qué, si otras entidades financieras han dejado de desahuciar y han entendido que si queremos salir de esta crisis, de la que ellos han sido en parte responsables, hay que dar oportunidades y ayudar a sus clientes, este banco no lo hace. No cede y sigue desahuciando. Ojalá este artículo les sirva para su reflexión.

Mientras tanto, Belén, su esposo y cuatro hijos se desgastan en platós, juzgados y despachos de instituciones, buscando una salida pasa su situación. Continúan su lucha para no quedarse sin techo.

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