Aquí una opinión

Amigas para siempre

18.05.2016 | 12:21

S abes cuál es mi primer recuerdo? Pues aquel día, al poco de conocernos, cuando estábamos sentadas en un banco del centro de la ciudad y pasó cerca un grupo de gente joven, portando bolsas de compras mientras reían y charlaban y yo, que atravesaba el momento más triste de mi vida, sentí una mezcla de envidia y nostalgia que me hizo, silenciosamente, romper a llorar, ese estremecimiento que, ante el dolor lacerante de una pérdida, te asalta sin pedir permiso, sabiendo que él significa lo único que tienes a qué aferrarte. Y tú, que descansabas tumbada al lado, te incorporaste de inmediato, me pusiste las dos patas en mis hombros y lamiste cada una de las lágrimas de mi rostro como expresando lo que con palabras eras incapaz: no puedo remediar el daño que el destino te ha hecho pero aquí estoy, úsame como consuelo ante tu desesperanza. Y yo, asombrada de una reacción animal tan cercana, recuerdo que sólo atiné a decirte tres palabras "amigas para siempre"€ Y eso lo hemos cumplido.

Porque ¿qué le pide uno a cualquier amiga? Pues, lo primero, fidelidad. Y, en mucha proporción, todo lo que esa palabra representa: afecto, empatía, generosidad, humor, respeto€ y todo ello (y más) es lo que me has aportado durante estos algo más 10 años, en los que aquella sincera promesa mutua se ha mantenido. Has sido la compañera incondicional a la que contarle tropezones y placeres, la que se añora como remedio para las tristezas de otros, la que me recibía siempre con la misma alegría de un encuentro entre enamorados€ aunque debo confesar que, algunas veces, me sobrepasaba tu cariño desorbitado. ¿No es pasarse un poco que el separarme de ti un par de metros para echar una carta en correos, tú lo magnificases en regocijante encuentro como la bienvenida a quien regresa de una guerra? Pero era tan conmovedor y lo echo tanto de menos€ como sólo los que hemos experimentado el tesoro del cariño canino sabemos valorar, aunque nosotros, los humanos, seamos incapaces de tal devoción entusiasta, de sentimientos tan puros. Estar a tu lado ha sido, siempre, transitar una experiencia de cercanía y primitiva ternura.

No quiero pararme en tus últimas semanas, aunque sí pedirte perdón porque la resistencia a admitir lo inevitable produce situaciones angustiosas cuya penitencia queda aquí. Yo sólo quiero que sepas, como intenté demostrarte tantas otras veces, entre risas, arrumacos y paseos, que has sido el mejor regalo de esta última parte de mi vida, a la que nunca dejaré de agradecer que permitiera que murieses en mis brazos.

Columna dedicada a Luna, la westie y para todos aquellos que sienten la soledad en que nos deja un amigo de cuatro patas.

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