Azul y blanco

Mafia ultraperiférica

16.05.2016 | 02:00

C orría el mes de marzo. Próxima la Semana Santa se desarrollaba, en un despacho de magistrado, se grababa una enjundiosa conversación con el objetivo final, al parecer, de perjudicar a otra magistrada, después diputada. Contra ella, un ex ministro canario, con papeles en lugares paradisiacos, interpuso una querella por retraso en tramitación de asunto, cohecho y prevaricación.

El grabado anunció tomar medidas judiciales por revelación de secretos contra el empresario grabador. Los medios recordaron la doctrina del Tribunal Supremo al respecto: no comete el delito si quien revela el contenido de una grabación ha sido protagonista en ella.
Dejamos la valoración de los hechos en manos de quienes tienen que valorarlos para preguntarnos si la imparcialidad judicial (que
el juez no tome parte en la causa) está garantizada en España.

Hay que tener en cuenta que si se quiere ascender en la carrera judicial, hay que someterse a que el político correspondiente proponga y/o elija al/ los candidatos/as. Y ya sólo por eso, la imparcialidad corre peligro.

En nuestro marco europeo tienen acomodo la mafia siciliana, la calabresa y la camorra napolitana. Todas tienen una característica común, y es que el poder político se mezcla con el poder judicial, con una policía en labores de "cooperador necesario". Incluso sus modos de actuar inspiraron famosas películas americanas de las décadas de los 30 y 40. Cada una con su estilo, todas llevan a cabo prácticas execrables de eliminación.

Ya en Canarias nosotros contamos con un padrino. Tenemos a sus brazos ejecutores y a alguien incómodo que hay que eliminar. El "cómo" hacerlo ya será según la idiosincrasia mafiosa. La nuestra se ha caracterizado por la chapuza. La "hazaña" pronto traspasó las fronteras isleñas ultraperiféricas: fiscales, jueces, magistrados, abogados, periodistas, políticos y la sociedad española entera están estupefactos ante las formas, el lenguaje y procedimientos utilizados por un magistrado contra otro.

Hay que terminar con la mafia. La solución, ya inventada, pasa por la efectiva y definitiva separación del Poder Ejecutivo y Judicial.

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