Tribuna abierta

Amor y relaciones de pareja

13.05.2016 | 02:00

M uchas personas limitan la palabra Amor a la relación de pareja. Es un error. La afectividad humana está compuesta (y necesita) 4 grandes afectos. El primero, el que llamamos apego. Es el amor incondicional que nos dan nuestros progenitores desde el momento del nacimiento. El mensaje es "te quiero tal y como eres". También es "descubre el mundo poquito a poco, sin miedo: yo estoy aquí para cuidarte y protegerte". El apego nos tiene que dar seguridad y confianza para explorar el mundo, para aprender a hablar, caminar, comer, pensar, sentir, relacionarnos con los demás y sobre todo, para amar y ser amados. Esta base de la personalidad permite que aparezca el siguiente afecto: la Autoestima.

Esta comienza siendo la estima que nos tienen nuestras figuras afectivas de referencia (madre, padre o quién haga esa función) y a medida que nos acercamos a la adolescencia y giramos nuestra mirada hacia nuestro cuerpo y nuestro interior, tratando de comprender qué nos está pasando (por qué me cambia la voz, me sale vello, me crecen los pechos, etc€) retomamos y analizamos los mensajes de cariño y de valía personal que hemos recibido desde nuestros primeros pasos en el mundo. ¿Realmente soy tan buena, tan inteligente, tan simpática, tan estudiosa como me dicen en casa? Comenzamos a fijarnos en nuestro entorno; en las letras de las canciones, en las películas, la publicidad y sobre todo, en las chicas y chicos de nuestra edad y comenzamos a compararnos y a reajustar esta autoestima que incorporará ahora los mensajes del grupo de los iguales y de los medios de comunicación, más que el de la propia familia. El trabajo del adolescente será ajustar su autoestima respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Quién soy? ¿Qué es lo que quiero? ¿Me gusto? ¿Me siento capaz de ser yo y salir al mundo?

El resultado de esta etapa tan importante de la vida, nos permitirá (o no), diversificar nuestra afectividad que hasta entonces estaba ligada a nuestra familia (apego) y la abriremos a las amistades (amor fraternal) y al encuentro afectivo-sexual con otros (amor de pareja), siempre y cuando tengamos una sana autoestima.

Es muy difícil amar a otra persona, ya sea desde la amistad o con erotismo, si primero no nos valorarnos a nosotras y nosotros mismos. No podemos encontrar en los demás lo que no cultivamos en nuestro interior. ¿Qué te puedo aportar si creo que no valgo para nada? ¿Por qué te has fijado en mí si soy un desastre? ¿Tu amor me llenará los vacios, miedos y dudas que tengo? ¿Serás mi príncipe o mi princesa? Si escogemos este camino de autoengaño plagado de estereotipos culturales, de limitaciones, porque "toca" o "se me pasa el arroz" acabaremos en una relación de dependencia, infelices y en la peor de las soledades.

Para evitarlo, hoy sabemos que todos los tipos de afectos sanos tienen determinadas características en común que nos sirven a modo de termómetro del amor. Esos elementos nos hacen sentir que somos la persona que queremos ser, que nos autorrealizamos, que nos valoramos, que nos gusta nuestra vida, más allá de estar o no en pareja. Sentimos que llevamos el rumbo de nuestras decisiones, que elegimos ser felices y a personas que nos aportan, y no que nos quitan la alegría y las ganas de vivir. Esos elementos, que no son mágicos, sino sensatos y sanos, se los comentaré en la próxima entrega.

http://juanimesaexposito.wordpress.com

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