Aula legal

Violencia machista y el nuevo delito de acoso o 'stalking'

12.05.2016 | 02:00

S i hay un problema grave al que ha tenido que hacer frente el derecho penal en este país en los últimos años, aparte de la corrupción, es la violencia machista. Cada día en nuestro país, muchas mujeres se han visto abocadas a una situación en las que han visto peligrar su integridad física y su vida por culpa de las amenazas, agresiones y asesinatos cometidos por las personas que eran o habían sido sus parejas.

Con el objetivo de neutralizar todo acto de violencia, la actividad legislativa del gobierno español ha ido avanzando poco a poco para una protección integral de las víctimas de esta repugnante lacra. Y en la última reforma legislativa, operada por la Ley Orgánica 1/2015 de 30 de marzo, se da un paso más para combatir comportamientos que supongan un recorte en las libertades de la víctima, castigando acciones que antes quedaban impunes al no poder considerarse como coacciones o amenazas.

Si bien es cierto que este delito no está configurado exclusivamente para situaciones de violencia machista, supone una protección adicional a las víctimas pues, dentro del artículo 172.ter del Código Penal, exactamente en su apartado segundo, se castiga con penas de prisión de un año a dos años al que, sin estar legítimamente autorizado, altere la vida cotidiana de quien haya sido su esposa o pareja, con conductas como: "perseguir, vigilar o buscar cercanía física"; "intente establecer o establezca contacto" por cualquier medio de comunicación, ya sea teléfono, email o mensajería, de manera reiterada; utilice de manera indebida sus datos personales; o atente contra su libertad y su patrimonio.

Este nuevo delito, también llamado Stalking (anglicismo que puede traducirse en acoso o acecho) penaliza, por tanto, el acoso u hostigamiento que realiza una persona contra su víctima, sin la necesidad, tal y como se establecía anteriormente, de anunciar un mal o de emplear la violencia para conseguir su objetivo. Es decir, el acosador no necesita amenazar con dañar a la víctima o utilizar la violencia para conseguir su objetivo, sino que basta con la realización de las conductas anteriormente mencionadas para que se cometa el delito.

La inclusión de este delito en el código penal, con su agravante en los casos en los que la víctima es o ha sido esposa o pareja, soluciona una serie de situaciones como la del maltratador que, sin hacer o decir nada, es decir, de manera "pasiva", se pasa el día intimidando a su víctima en la acera de enfrente de su trabajo o domicilio, o en el que el maltratador envía mensajes de manera reiterada por whatsapp a pesar de que la víctima le ha reiterado que no quiere seguir manteniendo relación alguna, aunque el contenido de estos whatsapp no tengan contenido amenazante. Igualmente, también castiga una situación que ha venido produciéndose cada vez más, y es aquella en la que un maltratador se dedicaba a pedir productos por internet con el nombre de su ex pareja, o directamente, pedir comida para llevar, no pudiendo encuadrarse esta acción en el delito de amenazas ni coacciones.

Por último, este nuevo delito exige la denuncia previa de la víctima para que la conducta del maltratador sea perseguible, encontrando aquí el principal escollo que siempre encuentra el legislador para erradicarla violencia machista. Por tanto, es evidente que nos encontramos con otra arma para proteger a las víctimas pero que necesita de una conciencia por parte de aquellas personas que sufren este tipo de violencia, para que realmente sea útil y castigar a quien incurra en las conductas tipificadas por el Código Penal.

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