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Tribuna abierta

El PSOE, sin rumbo

09.05.2016 | 02:00

Algunos líderes veteranos socialistas y muchos militantes, compartimos, con Jerónimo Saavedra, dirigente histórico de la UGT y del PSOE, la tesis, de que la única salida posible a la complicada situación política postelectoral, era que el PSOE se abstuviera en la votación de investidura para que Rajoy pudiera formar gobierno, con lo cual garantizaría la gobernabilidad de España, posibilitaría hacer una oposición constructiva pactando con el gobierno la reforma constitucional y las políticas sociales inaplazables que proponga como el principal partido de la oposición, y podría recuperar gran parte del electorado que ha perdido desde la histórica victoria de octubre de 1982 . El estrepitoso y previsible fracaso de las negociaciones para formar Gobierno confirman plenamente el acierto de dicha tesis, pues estaba claro que no había ni habrá otra solución, ya que la gran coalición a la alemana tendría el inconveniente de dejar a Podemos como líder de la oposición.

Pedro Sánchez, antes de que se convocaran próximas las elecciones, sigue persistiendo, empecinadamente, que no pactará nunca con el PP, porque "somos partidos radicalmente distintos", sin dar más explicaciones convincentes. También la señora Merkel es distinta a la Socialdemocracia alemana (SPD), más antigua que el PSOE, y, sin embargo, gobiernan en coalición en interés de Alemania. No se entiende este sostenella y no enmendalla de Pedro Sánchez, cuando el PP no quiere la desaparición del PSOE, al que considera un partido imprescindible para la estabilidad democrática de España, mientras que la falsa izquierda de Podemos -populismo, en realidad- solo pretende destruirlo para liquidar la opción de izquierda reformista y viable que el PSOE ha representado siempre. No hubiera sido posible la transición si el PSOE hubiera sido tan intransigente como Pedro Sánchez, que está incurriendo en los mismos errores, señalados por Julián Marías en su libro Ser Español (pag. 254), que produjeron en la II República trágicas consecuencias, a saber: a) dividir el país en dos bandos; b) identificar al otro como el mal; c) no tenerlo en cuenta ni siquiera como peligro real, como adversario eficaz; d) eliminarlo, quitarlo de en medio políticamente.

El Comité Federal del PSOE tomó el acuerdo de no pactar con Podemos y con los partidos que pusieran como línea roja reformar la Constitución para que se introdujeran sus propuestas y el derecho a la autodeterminación. Incumpliendo dicho acuerdo, Pedro Sánchez ha estado intentando formar con estas fuerzas políticas lo que él machaconamente denomina "un gobierno progresista y del cambio", que ni era, ni será posible si en las próximas elecciones se mantienen sustancialmente los mismo resultados. Estaba claro que si no se pactaba con el PP, ni se podía pactar con Podemos y con los independentistas, no era posible un acuerdo de gobierno, y menos, tras el pacto con Ciudadanos, que nunca pactaría con Podemos. En una huida hacia delante Pedro Sánchez intenta la cuadratura del círculo y acude a las bases con una pregunta ambigua, que dejó en evidencia su falta de liderazgo, al convertir al PSOE en un partido asambleario, como la CUP, recurso de políticos mediocres y de organizaciones populistas, no de un partido serio y comprometido en la gobernabilidad de España. Las estériles negociaciones de Pedro Sánchez para formar Gobierno, a sabiendas de antemano de que estaban destinadas al fracaso, le hace el principal responsable de que no se haya formado y de la convocatoria de nuevas elecciones.

Para que pudiera formarse ese gobierno, supuestamente progresista, entre PSOE, Podemos y IU, a los 161 diputados que estos suman, tendrían que añadirse, para alcanzar la mayoría de 176 diputados, las abstenciones del PNV y de Ezquerra Republicana de Cataluña (ERC), que haría a España ingobernable al tener que ponerse de acuerdo para gobernar cinco partidos dispares, y apoyarse en el caballo de Troya de ERC, que fue desleal a la II República el mismo día de su proclamación el 14 de abril de 1931, el 7 de octubre de 1934, en el que lideró la rebelión militar de la Generalitat contra la República, y en 1936, en el que traicionó a los gobiernos del Frente Popular en plena guerra civil, y ahora sigue siendo desleal a la Constitución de 1978, mayoritariamente votada en Cataluña, al liderar contra la mayoría de los catalanes un proceso soberanista en marcha. Pedro Sánchez no tendría dignidad si pacta con Podemos, después de que Pablo Iglesias acusara en el Parlamento a Felipe González del asesinato de Lasa-Zabala.

El PSOE se encuentra de nuevo en el dilema histórico de garantizar la estabilidad política de España, si no pierde el rumbo, como advirtió Julián Besteiro en la conferencia pronunciada el 12 de mayo de 1936 en la sociedad El Sitio de Bilbao: "La República conservará su buen rumbo o lo perderá, y eso dependerá en gran parte de que conserve su rumbo o lo pierda el partido socialista, cuyo peso gravita tanto sobre la República, hállese en las dificultades internas en que se halle, por lo que hay que velar para que el partido socialista no pierda el rumbo, porque ésta es la garantía de que la República tampoco pierda el rumbo". Pedro Sánchez, sin experiencia de gobierno, que obtuvo la mayor derrota del PSOE desde la transición y el cuarto puesto por Madrid, sería el peor secretario general de los 137 años de la historia del PSOE si en las próximas elecciones no mejora sus resultados o, lo que es peor, si se produce el sorpasso, y en vez de pactar con el Partido Popular y con las otras fuerzas políticas no nacionalistas soberanistas como Ciudadanos, la reforma de la Constitución y el modelo constitucional territorial definitivo de España y su gobernabilidad, pacta con Podemos y sus compañeros de viaje independentistas, con lo que tendríamos un nuevo Frente Popular y un gobierno , sin que lo presida el PSOE y Azaña, como en febrero de 1936, sino Pablo Iglesias, en cuyo caso, el partido centenario más antiguo de España habrá perdido el rumbo, lo que no sería grave, sino se lo hiciera también perder a España, pues, como dijo Azaña, "Admito y tolero que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito".

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