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Editorial

Puerto de la Cruz se lo merece

08.05.2016 | 00:16

U na catástrofe natural, la erupción del volcán de Arenas Negras el 5 de mayo de 1706 –hizo precisamente el pasado jueves 310 años– fue el primer punto de inflexión que convirtió a Puerto de la Cruz en un punto de importancia estratégica para Tenerife. En esa época lo llamaban Puerto de La Orotava –perteneció al municipio orotavense hasta 1772– y era un pequeño pueblo con un muellito que usaban fundamentalmente los pescadores. Sin embargo, el gran puerto de la Isla de entonces, el de Garachico, quedó de repente sepultado por la lava aquella madrugada y hubo que buscar a toda prisa una alternativa. La mejor era el Puerto de La Orotava. Se convertía así en el muelle de referencia de Tenerife, tanto que en el siglo XVIII y principios del XIX concentró el movimiento comercial de exportación e importación, principalmente con Gran Bretaña, alcanzando su máximo apogeo a principios del XIX. Santa Cruz era ya la principal población y el centro administrativo pero la actividad económica seguía concentrándose en este punto del norte de la Isla.

Fue el primer gran impulso para el municipio con menos superficie de Canarias (8,73 kilómetros cuadrados). Pero no sería el único. El segundo acontecimiento crucial para entender lo que es hoy Puerto de la Cruz tiene lugar en el año 1886, cuando se crea la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava, la primera sociedad formada en Canarias con fines turísticos y responsable de la apertura del primer sanatorio para extranjeros del Archipiélago, el Orotava Grand Hotel, según cuenta el historiador Nicolás González Lemus. "El hotel estaba situado donde hoy se encuentran los apartamentos Martiánez. Se trataba de una casa colonial de una familia adinerada del lugar.
Como no podía albergar a muchos huéspedes, la compañía decidió arrendar una serie de casas para aumentar el número de camas. Una de ellas fue la casa del comerciante Luis Marinas Lavaggi. El inmueble está situado en la calle Cólogan (antes calle de la Independencia), y se llamaría Hotel Buenavista. De dos plantas, tiene una fachada racional, equilibrada en huecos simétricos y en sus ventanas aparecen unos balcones descubiertos de hierro. En él hoy se encuentra establecido el Hospital de la Inmaculada", escribe Lemus.

Puerto de la Cruz se convertía en la primera localidad canaria y una de las primeras de España en apostar con fuerza por el turismo, un camino que a la larga le daría extraordinarios resultados. Ahí están, sin ir más lejos, las visitas de personajes ilustres en el siglo XIX que hicieron tan famoso al municipio: la escritora británica Agatha Christie; el naturalista, historiador y etnólogo francés Sabino Berthelot; la escritora británica Olivia Stone; el botánico inglés Philip Barker Webb; el médico y botánico noruego Christen Smith; el naturalista, geólogo y paleontólogo alemán Leopold von Buch... O ahí está la que es posiblemente la visita más renombrada de todas, la de los integrantes de The Beatles Ringo Starr, George Harrison y Paul McCartney en el año 1963. Para los anales de la historia quedará la foto de los tres posando en el Lido San Telmo, las piscinas sobre las que se construyó el complejo Martiánez.

Puerto de la Cruz se convirtió en un hervidero de gente, venida sobre todo del Reino Unido y Alemania, que disfrutaba de las playas de arena negra, de los paseos por San Telmo, de los espectáculos del Loro Parque (zoológico que abrió sus puertas en diciembre de 1972), de las vistas al Teide, de los cafés en la Plaza del Charco, de los frondosos jardines, de su clima ideal, del extraordinario servicio de sus terrazas, de las fiestas en sus discotecas... Era tal el esplendor que Puerto de la Cruz era un municipio envidiado en Canarias, con una actividad frenética que dio trabajo a tantos tinerfeños.

Pero de esa época dorada sólo quedan recuerdos. El Sur pasó a tomar el testigo del auge turístico, con el extraordinario desarrollo de Adeje y Arona, principalmente a finales de los ochenta y la década de los noventa. Muchas de las instalaciones de Puerto de la Cruz se quedaron en esos años gloriosos detenidas en el tiempo y no supieron actualizarse. La marca misma fue perdiendo prestigio y el modelo de sol y playa terminó de decantar la balanza a favor del Sur.

Por todo ello, Puerto de la Cruz necesita medidas ambiciosas para al menos acercarse a lo que fue, para volver a dar empleo a sus residentes, para recuperar parte de la actividad y la importancia económica perdida, porque su belleza natural y sus bondades climáticas no han cambiado. El debate ya lleva años instalado entre los portuenses pero las administraciones públicas y el sector privado no han sabido estar a la altura de las circunstancias, mientras se acumulan las necesidades urgentes: un plan integral de rehabilitación hotelera con ayudas públicas, la construcción de una nueva terminal de guaguas (las ruinas de la antigua afean, y de qué manera, la ciudad), el adecentamiento de las principales calles, la recuperación del ocio nocturno... Los planes se han empezado a poner en marcha, eso es verdad, pero las dificultades burocráticas, el multimillonario coste del desafío, la obligatoriedad de contar con la iniciativa privada y las innumerables necesidades a resolver ralentizan el proceso y producen frustración entre los portuenses.

De todos los proyectos, hay uno alrededor del cual orbitan todos los demás. El nuevo muelle deportivo se ha convertido en la piedra angular del futuro de Puerto de la Cruz, una vieja demanda de los portuenses. Tras años y años de demandas, de informes, de búsqueda de financiación, de proyectos y de críticas por la lentitud de todo el proceso, por fin ya hay un plan, ya hay una maqueta, ya hay presupuesto y ya hay financiación para empezar las obras. Incluso, el Cabildo, que ha pasado a liderar el programa de rehabilitación consciente de la importancia que supondrá para la Isla recuperar al menos parte de la pujanza de Puerto de la Cruz, ha puesto fecha al inicio de los trabajos: el próximo año.

El pasado mes de abril, la Corporación insular y todas las fuerzas políticas del Ayuntamiento portuense rubricaban un acuerdo histórico para establecer una hoja de ruta que acelere el inicio de la construcción de la infraestructura. Hará falta mucho dinero, más de 150 millones de euros, y una enorme voluntad para verlo por fin terminado pero jamás Puerto de la Cruz había estado tan cerca de tener su tan ansiado muelle deportivo y empezar a remontar el vuelo. Habrá una zona para los pescadores, otra para el atraque de embarcaciones recreativas y un dique en el que podrán atracar cuatro buques comerciales como los que operan entre Islas con capacidad para 700 pasajeros y 120 vehículos, además de cruceros de hasta 80 metros de eslora y 100 pasajeros. La superficie dedicada a uso público superará los 110.000 metros cuadrados. Será un antes y un después en la ciudad turística.

Pero todavía quedan obstáculos por sortear, como conseguir la máxima financiación estatal y regional posible para garantizar la consecución de este sueño, además de la adhesión de la inversión privada. El proyecto es ilusionante y el impulso que se le está dando por parte de las administraciones locales permite vislumbrar un futuro optimista. Es lo que piden los portuenses y lo que necesita este emblemático municipio para volver a ser una referencia en Canarias, como aquel pueblito pesquero que de repente se convirtió en el puerto más decisivo de la Isla tras la erupción de Garachico o aquella ciudad apasionada y vibrante que se frotaba las manos ante el aluvión turístico que empezaba a llegar. Porque Puerto de la Cruz se lo merece.

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