Espacio jurídico

Vuelta a los swaps: anulación

07.05.2016 | 02:00

E sta semana les vamos a hacer una breve introducción a los SWAPS, o la llamada permuta financiera. Se define como un contrato por el cual dos partes se comprometen a intercambiar una serie de cantidades de dinero en fechas futuras. Normalmente los intercambios de dinero futuros están referenciados a tipos de interés, aunque de forma más genérica se puede considerar un swap cualquier intercambio futuro de bienes o servicios referenciado a cualquier variable observable. No obstante, para que el SWAP cumpla su fin, Este contrato estará referenciado a un tipo de interés concreto. Todos estos contratos de intercambio tienen que estar referenciados a una cantidad base de cálculo y establecer las condiciones de valoración futuras como las fechas de intercambio de pagos entre las dos partes.

Posiblemente una de las cuestiones por las que el contrato de permuta financiera ha adquirido un gran protagonismo litigioso es porque se ha desnaturalizado su concepción original, ya que el SWAP era un figura que se utilizaba como instrumento de reestructuración financiera de grandes empresas o como cobertura de las relaciones económicas entre éstas y organismos internacionales, mientras que de unos años a esta parte ha pasado a ser comercializada de forma masiva entre personas físicas y pequeñas y medianas empresas.

Este tipo de contratos, en la práctica bancaria actual, viene normalmente aparejado a otro producto financiero (p.ej un préstamo hipotecario o un leasing), y no en pocas ocasiones, el mismo viene impuesto como un "anexo" inofensivo al contrato principal. El Tribunal Supremo parte de la base de que profesionalidad y confianza son los elementos imprescindibles en la relación de clientela en el mercado financiero y es, en este tipo de contratos, exigible un estricto deber de información: el cliente debe recibir de la entidad financiera una completa información sobre la naturaleza, objeto, coste y riesgos de la operación, de forma que le resulte comprensible, asegurándose de que el cliente entiende, sobre todo, los riesgos patrimoniales que puede llegar a asumir en un futuro.

Si no se facilita esa información al cliente y este incurre en error sobre los extremos sobre los que debió ser informado, el error sufrido puede considerarse sustancial, pues recae sobre los elementos esenciales que determinaron la prestación de su consentimiento. Por lo tanto, dicho error ha de considerarse excusable y, por ende, invalidante del consentimiento prestado para su contratación ya que, quien ha sufrido las consecuencias de dicho error, merece la protección del Ordenamiento Jurídico por haber confiado en la información suministrada por quien estaba legalmente obligado (entidad financiera), a un grado muy elevado de imparcialidad, exactitud, veracidad y defensa de los intereses de su clientela en el suministro de información sobre productos de inversión ofertados y recomendados.
En conclusión, lo que vicia el consentimiento por error es la falta de conocimiento del producto contratado y, de los concretos riesgos asociados al mismo. Si se encuentra ante una situación de este tipo, no dude en acudir a un abogado especializado, ya que está en su pleno derecho de verse resarcido por los daños ocasionados por el desconocimiento de este producto.

Desde Munguia&Asociados les ofrecemos las siguientes recomendaciones para el caso de que estuviera interesado en contratar un SWAP o un producto financiero complejo o de alto riesgo. En primer lugar, no debemos dejar que nos vendan este tipo de productos como un seguro, ya que dista mucho de ser un seguro, el SWAP, en concreto, es un contrato de permuta financiera y, para el caso de que se tratara de otro diferente, debemos conocer bien el producto del que se trata. En segundo lugar, debemos tener en cuenta de que se trata de un producto de inversión complejo y, de alto riesgo, y es nuestra responsabilidad, ya sea como persona física o jurídica, conocerlo bien.
Además, debemos exigir que se nos facilite toda la información posible al respecto, y en el caso de que nos surgieran dudas, debemos dejarlas todas y cada una de ellas aclaradas antes de firmar algo que no entendamos.

También debemos exigir que se nos facilite, en todo caso, una simulación de las posibles fluctuaciones que pueda tener el producto a contratar en cuestión; una simulación que se asemeje en el mayor grado posible a las situaciones a las que nos podemos enfrentar en un futuro, siempre teniendo en cuenta que lograr la exactitud es del todo imposible y que, para la que nos servirá esta simulación es para entender los riesgos a los que nos enfrentamos.

Finalmente, y no por ello menos importante, a la hora de la formalización de la Escritura, es sumamente importante leer las cláusulas que contiene el contrato que vamos a firmar, entender las consecuencias de la cancelación y asegurarnos de que, lo que vamos a firmar es lo que realmente queremos contratar.

En definitiva, hemos de tener las mismas precauciones que para la firma de cualquier otro producto financiero, con la diferencia de que, ante un producto financiero complejo y de alto riesgo, también nosotros debemos ser responsables y debemos entender lo que estamos firmando.

munguia@munguiaabogados.com

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