Pípol

Carlos Javier Morales

07.05.2016 | 02:00

L a Sinfonía número 5 de Gustav Mahler se adueña de la estancia. Escribir con este bello regalo inspira la mente y dinamiza los dedos. Costumbre. La elección, en este caso, la sugiere un poeta, un colocador de letras que descubre el son del poema en nuestro instituto Teobaldo Power, creador isleño que cantó a las Afortunadas y hoy suena en arrorrós de postín nacionalista. Aunque para terruños, me quedocon el almendro de Nicolás Estévanez: "La patria es el espíritu, / la patria es la memoria, / la patria es una cuna, / la patria es una ermita y una fosa".

Y aquel estudiante planta a la adolescencia y, rebelde, busca en la poesía cosas que con la narrativa no llega. Y deja atrás la Isla que le ve nacer y Madrid asoma al verso que ya ahonda en algo más, porque tiene que turbar. Y rompe con lo anterior. "Azotea de mi casa, / calle alegre de mi barrio, / si el viento por mí pregunta / decid que voy desterrado", compone el gomero Pedro García Cabrera. Y como uno, posiblemente llora, una noche, en la esquina aquella de la capital del Reino.

Y la vida nueva sale a flote y prorrumpe lo que será su primer libro (El pan más necesario), distinguido en 1994 con el Premio Villa de Martorell. Desde entonces, el poeta se asombra de sí mismo y desnuda intimidades. Y José Martí y su contexto y la revista Orígenes asoman a la ventana y la mayor de las Antillas se hace más grande con Lezama Lima y otros como el periodista Gastón Baquero. El colega exiliado, que me cautiva en Santa Cruz una tarde serena a propósito de la Menéndez Pelayo, también aturde: "Si tomas entre los dedosla palabra amor, / y la contemplas de derecho a revés, / y de arriba abajo, / verás que está hecha de algodón, / de niebla, / y de dulzura". Y, fácil, sin querer, Rafael Alberti surge y atonta con su Salmo de alegría para el siglo XXI: "Amor, amor, amor. Es la palabra. / Es la sola palabra. / Amor. Es la palabra".

El tinerfeño asienta, ahora, anhelos en La Rioja y siente la felicidad, que cala en los huesos, una mañana fría de invierno de camino a la academia. En cada poema se condensa una vida, profiere con calma y cadencia el poeta, al tiempo que invita a leer poesía porque con ella te vuelves más tolerante: comprendes vidas ajenas. Misterios pasados y presentes que aportan luz al futuro. Y de Logroño a la Universidad de Münster y, de nuevo, a Madrid y de Madrid regresa al drago después de haber sido golondrina. Atinada elección, que le dijese un día Víctor Zurita a Alfonso García Ramos.

Y una tarde le dan plantón y en la habitación y en la mesa y con el sol de la lámpara el verso llama a la muerte, "que es fría como el que aguanta un insulto. Que aparece cuando nos olvidamos del propio nombre. Y el mundo se cae encima porque la muerte (insisto) es fría y, a veces, no hay abrigo para todos".

El poeta Carlos Javier Morales deja regusto en la sesión del Foro de la Fundación Canaria para la Educación y la Cultura. Estamos como en familia y evidenciamos que la poesía es necesaria porque, con ella, resultona o no, a veces nos secamos las lágrimas: "Esta noche / quisiera dormir bien, pero es difícil: / la excursión ha empezado ya en mi cama. / Se me olvida tu rostro, se me pierde / la imagen esencial de mi memoria. / Viajo hacia ti despierto todavía. / El corazón me pide / que se haga ya la luz y que te vea. / Por instantes creo ver tu sonrisa / diciéndome ´Nos vemos, que descanses´, / pero el recuerdo nada puede / cuando es lo más querido lo que busca".

www.joseluiszurita.com

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