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Vamos a gozar

26.04.2016 | 02:00

El próximo martes deberán ser convocadas nuevas elecciones generales, pero, en realidad, todo este interminable, plúmbleo y a ratos vomipurgante simulacro de legislatura ha sido, básicamente, un ejercicio electoral. Ahora toca, de nuevo, aguantar sandeces. Pedro Quevedo ha sido uno de los primeros, por supuesto, porque Quevedo es para la tontería como cochino para cáscaras. "Estamos en el mejor escenario para repetir la alianza electoral entre el PSOE y Nueva Canarias". ¿El mejor escenario? ¿Por qué habla con esa impostada grandilocuencia? ¿Cree que los cubatas en el bar del Congreso de los Diputados le han otorgado estatura de estadista? Lo que cabría en un partido serio es tomar nota de cómo Quevedo, nada más constituirse el Parlamento, salió galgeando hacia el grupo mixto. Lo que debería esperarse de un partido serio, en una situación en el que cada diputado es extraordinariamente valioso, es no poner a trabajar a su maquinaria logística y a sus cuadros y militantes para que un señor como Quevedo revalide su escaño. Claro que el PSOE dejó de ser hace tiempo un partido serio. Ahora mismo tiene a un secretario general que ha sustituido el compromiso socialdemócrata por el silencioso nirvana budista, y un secretario de Organización, pásmense ustedes, que se pasa cuatro días a la semana sesteando en el Senado.

¿Y la interminable despedida de José Manuel Soria? Su momentáneo sucesor, Asier Antona, se reúne con Mariano Rajoy, y a la salida, rodeado por los plumillas, no se le ocurre otra cosa que glosar de nuevo el heroísmo de Soria, quien al parecer dimitió de todos sus cargos por un simple problema de amnesia selectiva. Para Antona es como si un magistrado del Tribunal Supremo hubiera dimitido por la nimiedad de soltar ventosidades en la sala. Nada que, en definitiva, tenga que ver con los principios políticos y morales del sujeto en cuestión, sino con su desgaste neuronal o con la deficiencia operativa de sus tripas. Vamos, que ya lo dijo Dolores de Cospedal el otro día: los dirigentes del PP de Canarias despidieron a Soria, ¿por qué no decirlo?, con amor, con mucho amor, ferozmente enamorados, con el corazón de coraza, el alma en un puño, los ojos anegados por las lágrimas. Porque, atención, no es que el caballero en cuestión haya puesto a su organización en un brete angustioso por haber mentido públicamente una y otra vez sobre su participación en sociedades offshore dentro o fuera de Panamá, no, es que le ha hecho un favor incalculable al partido. De todas formas, Antona, para no despistar al personal, ha asumido sin problemas la cultura de poder del marianismo, ese aznarismo bizco y gandul: preguntado cuándo se elegirá al cabeza de lista por la provincia de Las Palmas, ha contestado que "cuando toque".

Para qué hablar de los cargos públicos de Coalición, el PP y del PSOE empurados judicialmente. No existen normas, ni mecanismos establecidos, ni compromisos programáticos transparentes y de obligado cumplimiento. Cada caso es un universo incuestionable al que los partidos -y sus máximos responsables- no osan acercarse, no les estalle en la cara. En Ciudadanos están consultando currículos fotográficos para nuevos candidatos y en Podemos se prepara ya al atracón caníbal con carne de Izquierda Unida en el menú. Todo bien. Vamos a gozar.
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