Retiro lo escrito

Sistema electoral y calidad democrática

21.04.2016 | 02:00

L a reforma de la ley electoral canaria -con mayor precisión debería decirse: la promulgación de una ley electoral canaria- debe ser fruto de un consenso lo más amplio posible. Recuerdo habérselo oído hasta a gente de Izquierda Unida. Ah, pero en IU, desgraciadamente, no todo es gente, también hay coordinadores generales, como Ramón Trujillo, que ayer reclamó a siete diputados de Coalición Canaria que devuelvan los escaños que "le han robado al pueblo canario con una ley electoral fraudulenta". Es una curiosa manera de ofrecer un punto de partida para el diálogo.

Trujillo es un ejemplo casi pluscuamperfecto para ilustrar todos los equívocos, las contradicciones y las ignorancias que gravitan en torno a la reforma electoral en Canarias. Veamos. Primero, la norma electoral en vigor en Canarias no es fraudulenta. Ningún tribunal lo ha decidido así. Ningún jurista ha arrojado sombras al respecto. Cacarear incansablemente sobre "un fraude legal" no transforma tu descalificación en una realidad. Una cosa es un régimen electoral al que urgen cambios para mejorar la eficacia de su representatividad y otra inventarse que las elecciones en Canarias están regidas por una norma legal fraudulenta, una aseveración de extraordinaria gravedad pero que a Trujillo, para variar, se la pela. Denunciar (razonablemente) un déficit (subsanable) de representación democrática en la actual norma electoral es imprescindible, hablar de fraudes de ley es, en cambio, una anodina estupidez. La misma estupidez política que lleva al coordinador de IUC a creer que puede reforzar su antipatía política o ideológica hacia otras fuerzas achacándoles directa y explícitamente comportamientos delictivos.

Trujillo (y otros dirigentes de la izquierda isleña) actúan como si existiera un sistema electoral donde el principio "un ciudadano, un voto" se cumpliera sin necesidad de factores de corrección contabilística ni consideraciones técnicas que no lo son simplemente, como el ámbito de la circunscripción. Según los singulares criterios de Trujillo, el Reino Unido no sería una democracia parlamentaria, porque su sistema electoral se basa en distritos electorales uninominales, donde si un candidato obtiene, digamos, un 50,5% de los sufragios, se queda con el escaño en disputa, y el segundo, que puede haber conseguido un 45%, pierde cualquier posibilidad. Es curioso: con el actual sistema electoral español IU obtuvo apenas dos diputados, pero bajo el régimen electoral de la II República hubiera quedado fuera del Parlamento.

Y por último no conviene olvidar que la calidad de una democracia no tiene como principal criterio valorativo su sistema político-electoral. En la humilde opinión del arriba firmante la pobreza extendida, la debilidad económica y social de las clases medias, las asombrosas diferencias de rentas e ingresos en la población, las serias limitaciones e ineficiencias de los sistemas públicos de educación y sanidad, la discriminación por género, la cochambre de nuestras universidades, la desigualdad de oportunidades o un altísimo desempleo estructural dibujan un conjunto de factores interrelacionados que explican mejor que los tres diputados de Casimiro Curbelo la debilidad, la asfixia y la frustración de la democracia en Canarias.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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