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Tribuna abierta

El pesimista se hace

21.04.2016 | 02:00

L o cierto es que ser una persona que ve el vaso medio vacío, que mira la vida desde una perspectiva negativa y que anticipa situaciones catastróficas por tener el convencimiento de que va a suceder siempre lo peor, es una elección. Son muchas las personas que prefieren ponerse en la peor situación con la idea errónea de así no encontrarse con decepciones por parte de otras personas o con la vida misma, pero está demostrado que quien toma esta elección de ser y pensar, se derrumba de la misma manera cuando aparece la situación que tanto teme. Por esto mismo, las personas con una visión pesimista de la vida suelen vivir inmersos en estados de ansiedad, desánimo y desesperanza.

Todos los seres humanos en situaciones determinadas hemos sido abordados por el pesimismo, pero cuando se trata de una actitud continua con incapacidad de disfrutar satisfactoriamente de nuestro día a día, se convierte en un problema. El pesimismo puede ser una actitud heredada por la educación que hemos recibido o por la interpretación que le hemos dado a experiencias pasadas. Da igual el motivo por el que uno es pesimista. Siendo adultos, ser pesimista u optimista-realista es una elección. Si aprendimos a ser pesimistas, podemos desaprender y reaprender a ser lo contrario. El objetivo debe ser cambiar el hábito que hemos adquirido de pensar de manera negativa para poder vivir de manera menos traumática y comenzar a disfrutar de los pequeños detalles, que con frecuencia pasamos por alto, incluso aprender a disfrutar de la incertidumbre de la vida.

Reflexionemos sobre:

1. Ante situaciones difíciles, el pesimismo nos limita, nos impide ver con claridad y objetividad las soluciones, aumenta el estrés y la preocupación y fácilmente se lo transmitimos a la gente que nos rodea deteriorando así nuestras relaciones sociales. Son muy pocas las personas que disfrutan con quien solo desprenden negatividad.

2. No debemos olvidar del papel fundamental que tiene el tipo de pensamiento que elijamos sobre nuestro estado de ánimo. Si tenemos una visión gris sobre nuestro futuro ¿cómo pretendemos vivir nuestro día a día con entusiasmo?

3. No confundas ser precavido con ser pesimista. Precavido es quien acepta que no siempre sale todo como deseamos y que la parte injusta de la vida existe e intenta, en la medida de sus posibilidades y sin obsesionarse, que las consecuencias de sus acciones sean lo menos destructivas posibles. Pesimista es quien vive en un constante estado de desánimo y desesperanza por el convencimiento que tiene de que todo va a salir mal y no puede hacer nada para remediarlo. Ante un suceso negativo, un optimista siente dolor cuando sucede el acontecimiento, sin embargo el pesimista sufre antes y después.

¡No te confundas!, el optimista-realista no es ingenuo, ni se deja llevar por ideas prometedoras, sino que valora todas las posibilidades antes de tomar una decisión y analiza los riesgos que le afectan, para reservar energías y afrontarlos. En vez de ver el vaso medio vacío, lo ve medio lleno. Adopta una actitud firme y de esperanza que ayuda a uno a sentirse fuerte y capaz. Una actitud que te hace sentir responsable de tus actos, comprometerte contigo mismo y activarte. Puede que no entendamos las circunstancias pero con actitud positiva y predisposición al cambio, atraemos lo que necesitamos. Atraemos lo que pensamos, ya que, según pensamos, nos sentimos y dependiendo de nuestros estados de ánimo actuamos, es decir, cuando elegimos nuestros pensamientos estamos eligiendo nuestras emociones. ¡Sin más! De nada nos sirve tener un manual de instrucciones con lo que tenemos que hacer si no nos sentimos capaces de poder hacerlo. Si piensas que eres capaz, actuarás. Si piensas que eres incapaz, ni lo intentarás.

Es más cómodo entregarse al pesimismo que esforzarse para que todo vaya bien, pero no siempre lo más cómodo es lo más adecuado.

tamaraconsulta@gmail.com

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