La Ciprea

Nosotros bien, gracias

19.04.2016 | 02:00

P erfecto. Lo de Soria no debe preocuparnos. Ni los juicios, ni las detenciones de ministros, jueces, princesas y enanos del bosque, debe preocuparnos. Ellos tienen el dinero, la justicia pisándoles los talones, Hacienda enloquecida de gusto, el Ejército dispuesto a parar cualquier desmán, y las damas del reino haciéndose la manicura mientras llegan los idus de julio y poder ponerse botox sin que nadie hable mal de ellas. No importa. No se preocupen. Ellos tienen el dinero, los papeles, el Ejército, las empresas, los graneros y el poder.
Nosotros tenemos La Liga, La Champions, La NBA y Master Chef. Todo eso y algo más para consolarnos el alma. Como un bálsamo lo de las monjas y sus cuitas televisadas en un reality pavoroso donde ya no sabe uno dónde meterse de remordimientos que te entran al querer verlo y no tener explicaciones racionales para que la familia entienda tu interés repentino por tales asuntos que ni tienen que ver con el cielo ni sirven para asistirte en momentos de auténtica crisis del espíritu. Alarmada estoy ante tantas cuitas y ver cómo el gobierno y las altas jerarquías de este país nuestro nos regalan y entretienen con tales actuaciones.

Lo del futbol ya lo sabíamos. Es un clásico desde Roma y aún antes con emperadores chinos y sus espectaculares juegos que entretenían el hambre de los súbditos aunque las pelotas fueran de papel maché con lamparitas de colores en su interior. ¡Pero lo de las monjas! Santo cielo, lo de las monjas es demasiado fuerte como para hacer juicios a la ligera desde un ordenador de segunda mano. Esta es la hora que no sé si es una broma o una preparación al parto bien organizada para que, llegado el momento, la criatura venga a este mundo con el chaleco antibalas bien puesto. Creo que es de justicia aclarar que el impacto ha sido grande más que en otras ocasiones en que nuestras mentes han vivido escenas y conversaciones tan alucinantes o más que las oídas en el susodicho programa. Al menos en mi entorno la cosa ha sido un pasar del asombro al regocijo, del regocijo a la carcajada general y de la risa tonta al llanto por la muerte fulminante del sentido común y del pudor televisivo.

He querido volver al señor Soria, al asunto de Panamá, a las dudas sobre otros muchos que hemos oído andaban metidos en esas lides desde hace años y aún no se han pronunciado sus nombres, a los casos de corrupción que más nos atañen, a los terremotos, asesinatos y demás miserias que nos cercan por todas partes y, ya ven, no dejo de pensar en el partido del miércoles del Atlético de Madrid.

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