Azul y blanco

Soltando lastre

17.04.2016 | 23:18

V isto que todo apunta a unas nuevas elecciones el próximo junio, es la oportunidad de oro que tal vez nuestro presidente, en funciones, estaba esperando. El consagrado estilo Rajoy, consistente en dejar que el tiempo todo lo cure, tiene ante sí una oportunidad como ninguna para hacer limpieza profunda en propias filas.

Nuestra representación canaria en el gobierno nacional llegó a su fin. Una renuncia completa a todas sus labores representativas es la culminación a una serie de explicaciones inconexas sobre la aparición de su nombre en los Papeles de Panamá. El intento de lavar su imagen, acompañado de numerosos "tics" nerviosos ante los medios nos llevó a todos a pensar que su falta a la verdad era patente.
En alguna ocasión hemos leído que Canarias no es España:controlar todo un país no es lo mismo que controlar una comunidad autónoma fragmentada, alejada y ultraperiférica. Tenía que haberlo recordado, el ministro renunciado, cuando le llamaron por primera vez aquellos quienes le participaron que su nombre saltaría a la opinión pública relacionado con paraísos fiscales. La oportunidad concedida de preparar una defensa, tal vez desde la humildad, podría haber reservado otro desenlace. Todos sabemos que minusvalorar al contrario suele traer consecuencias desastrosas.

Rajoy tiene que seguir con la sacudida de las alfombras ya iniciada. Su amiga valenciana, exalcaldesa, también merece unas largas vacaciones políticas mientras bien declara como testigo en el caso Nóos o es investigada por presunto delito de blanqueo. Los señoritos andaluces también merecen retiro dorado.Y no nos movemos del Sur peninsular para culminar elegantemente. El alcalde de Granada, Torres Hurtado, investigado por corrupción urbanística, comentó que las mujeres eran más elegantes cuanto más desnudas, mientras los hombres lo son cuanto más vestidos. Él sí que con elegancia desnudó una calenturienta mente, aderezada con un verbo incontenible; una mala combinación que le pone el cayuco rumbo al marisco.

Para mantener el buque a flote, el capitán sabe que ha de soltar lastre, aún sabiendo que puede quedarse solo.

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