AlaContra

El virus de la PCI

17.04.2016 | 01:29

La PCI lleva enferma desde el día en que nació. Créanme si les digo que la idea era buena, que nuestra gente necesita de una ayuda de primera necesidad para subsistir en la pobreza que han fomentado nuestros políticos. Pero la ambiciosa ley, cuyo objetivo es otorgar una ayuda básica de unos 400 euros de media a las personas que no tienen ingreso alguno, salió del cascarón del Gobierno de Adán Martín con un virus que ni Paulino Rivero ni Fernando Clavijo han sabido curar: muy buenas intenciones pero escasa voluntad de dotar a la Prestación Canaria de Inserción de los recursos financieros que requiere.

Nueve años después, y tras dos legislaturas nefastas de Inés Rojas al frente de la Consejería de Políticas Sociales, la PCI sigue lejos del reto de proteger a los miles de canarios que, sin ingresos, se ven obligados a acudir a los servicios sociales de las administraciones públicas y las ONG. La ley llegó en el momento oportuno, a las puertas de la crisis económica. Imitó los exitosos modelos de regiones como País Vasco y Navarra pero se ha convertido en una de las grandes mentiras del Ejecutivo autonómico. Una mentira muy cruel.
Año tras año, al llegar el mes de agosto, nos hemos encontrado con los portavoces de ONG y de colectivos sociales con una bandera de SOS en las manos. La hucha de la PCI se vaciaba siempre en los primeros meses del año y dejaba a las personas que atienden a los más necesitados sin capacidad de reacción ante la incesante demanda de ayudas. Lejos de las puertas de las organizaciones sociales, en los despachos del Gobierno regional, los responsables públicos optaron por mirar para otro lado y poner parches que nunca solucionaron el problema de un presupuesto que siempre se quedó corto cuando de la PCI se trataba.

Ni dinero, ni los trabajadores sociales suficientes para tramitar la ayuda, como tantas veces se han quejado los ayuntamientos canarios, encargados de tramitarla. Una enfermedad que ha provocado las peores de las consecuencias: miles de personas veían cómo año tras año se quedaban sin recibir una ayuda que por su situación merecían. En muchos casos, incluso, después de esperar meses a que el Gobierno les reconociera su derecho.

Ahora, de nuevo, la PCI vuelve a ser noticia. Lo fue hace unos meses con el compromiso del nuevo Gobierno de ampliar el presupuesto de la prestación. Una promesa cumplida, aunque todavía no sabemos si el esfuerzo será suficiente. Tendremos que esperar hasta agosto. Como suele ser habitual, por desgracia, la suerte ha vuelto a dar la espalda a esa masa social de personas empobrecidas que mendigan su supervivencia entre los lujos de unos pocos. Un fallo en un aplicativo informático ha provocado que muchos usuarios de la capital tinerfeña no hayan cobrado desde enero todo el dinero que tienen reconocido. No tengo ni idea de informática, ni siquiera sé qué demonios es un aplicativo. Solo sé que cuando escucho el relato de Gelsai, una de los muchos afectados, me encochino hasta las lágrimas. Gelsai viene cobrando desde enero solo 170 de los 580 euros mensuales que tiene reconocidos. Ese dinero es suyo, es su derecho, pero por culpa de algo que nadie entiende no se lo han dado. Tiene 25 años y un hijo de solo tres. Si ella no comprende lo que pasa, ¿se imaginan cómo podrá explicarle a su niño que no tiene recursos para alimentarle como se merece?

Ahora ya no está Inés Rojas en la Consejería. Las Políticas Sociales han pasado a manos de la socialista Patricia Hernández. Tenemos hasta un comisionado contra la pobreza. Al final, esto no es una cosa de siglas, porque parece que nadie está capacitado para acabar con ese virus que consume a nuestra PCI. Antes era el dinero, ahora la informática. Cuentan las fuentes oficiales que el problema se ha producido a la hora de adaptar el dichoso aplicativo a la nueva ley. No sé de qué me hablan, no entiendo cómo no han sido capaces de solucionar el problema en ese tiempo. No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza; tal vez porque ya no les queda, o quizás porque la tienen forjada de cemento armado.

Maldita informática, que siempre se equivoca con los más débiles. A lo mejor me trago mis palabras y mañana vemos publicada en este periódico una noticia que diga que un fallo en un aplicativo ha dejado a los consejeros del Gobierno sin cobrar su sueldo desde enero. Se imaginan a nuestros políticos con una pancarta delante de Presidencia al grito unísono de ¡queremos cobrar! Yo tampoco.

Sé que me tacharán de demagogo, pero me da igual. Que se lo cuenten a Gelsei. Que se atrevan a mirarle a la cara y decirle que la informática está en su contra. Y entonces, que le expliquen también que todo esto es demagogia. Que están haciendo todo lo posible para solucionar su problema. Que no volverá a pasar. Que confíe en ellos. ¿Qué es una mentira más para un político?

La PCI está enferma. Siempre lo ha estado. Tiene un virus que nadie es capaz de curar. Está en la UVI, como nuestra sanidad, como todo lo que tiene que ver con los más desfavorecidos. La PCI está enferma, aunque yo a veces empiezo a pensar que los enfermos son otros.

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