Crónicas de la Revo-ilusión

Rajoy ha vuelto

14.04.2016 | 02:00

A Pedro Sánchez se le acaba el tiempo. Los pliegues de su ventana de oportunidad comienzan a cerrarse sobre sí mismos, formando un cubículo que quedará archivado en la memoria de los fracasos coyunturales. El tyrannosaurus Rajoy, ha permanecido en estado latente, aguardando a que las izquierdas perdiesen otra oportunidad, víctimas de la eterna lucha entre utopía y pragmatismo. Vuelve la frustración a la mayoría social que tanto ansiaba el gobierno del cambio, por creer que el mero cambio traería un nuevo gobierno. Nada más lejos de la testarudez numérica. Las sumas no daban y las posiciones han estado más alejadas de lo que pretendían hacernos ver. Tiempo perdido o tiempo invertido en experiencia, entre el electorado impaciente, que había depositado sus expectativas en las figuras mediáticas de la hasta ahora conocida como nueva política: Iglesias, Sánchez y Rivera. Tres mosqueteros sin un D´artagnan con la suficiente determinación, como para ejercer algún liderazgo tecno romántico sobre todas las Españas.

Mariano, transfigurado en león durmiente, afila las garras en la cima de su gobierno en funciones. El partido popular ha atravesado el desierto sin desgastarse, con las provisiones de votantes intactas, y la comodidad del que se sabe libre de espejismos basados en reformas constitucionales abstractas, imaginarios referéndums acerca de teóricas independencias y pactos inverosímiles a la carta. Don Tancredo juega al mus de memoria, asistiendo imperturbable a las derrotas de todos los enemigos internos y externos del marianismo. El gallego es inquebrantable y solo ofrecerá la mano derecha para salvar al soldado Sánchez, cuando éste haya claudicado ante Susana y los barones socialistas. De nuevo, la gran coalición se nos presenta como la figura de un Moisés redivivo, que obra el milagro de abrir las aguas, para conducir al pueblo hacia la tierra prometida por la neo liberal sensatez alemana.

Por si alguien no lo sabía, resulta que el Congreso no es una plaza, tampoco es un círculo. Es un hemiciclo lleno de astutas navajas que relucen a la sombra de los escaños. Filos que degüellan en un instante para regresar a la oscuridad, ante el asombro fugaz en los ojos del ingenuo que se desangra, rodeado de conspiradores, intermediarios y advenedizos.
rafadorta.blogspot.com

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