Retiro lo escrito

Mentirosos

14.04.2016 | 02:00

Quizás en este país -como en Latinoamérica- mentir es una triquiñuela insignificante, casi una distracción de la memoria, porque culturalmente se ha admitido así durante siglos. El mismo catolicismo que ha informado a la sociedad española desde hace tanto tiempo considera la mentira un pecado generalmente venial, salvo que concurran ciertos agravantes. Por el contrario, llamar borracho a un español fue considerado un insulto atroz durante generaciones porque, por lo general, se bebía muy poco (y con frecuencia vino aguado). Mentir ha sido por lo tanto mucho menos grave y censurable que empedusarse en la España una, grande y libre. Mentir, por lo general, carece de importancia y no encuentra una sanción moral socialmente compartida. En el mundo de la política el perverso código es el mismo. Mentir puede llegar a ser una capacidad admirable y admirada. En España -como en Italia o Argentina- resulta incomprensible esa leyenda que se cuenta hace generaciones en las escuelas de Estados Unidos según la cual George Washington, desde la más tierna infancia, era incapaz de mentir. En la política de los países protestantes mentir es considerado repugnante e insoportable. Por supuesto, los políticos engañan, decepcionan, trituras sus compromisos y promesas. Pueden hacerlo, y lo hacen con cierta fruición, pero no pueden cometer mentiras explícitas que sean descubiertas como tales sin pagar un precio alto, a veces muy oneroso. A menudo les es preferible adelantarse y reconocer un comportamiento erróneo que ser señalado como un mentiroso.

Aquí el señor Soria, por ejemplo, que ha aparecido empapelado en Panamá, ha mentido una y otra vez al intentar explicar su participación en empresas off shore en las sucesivas versiones que ha ofrecido públicamente. Entre otras falsedades, Soria afirmó primeramente que jamás había tenido ningún vínculo con la sociedad UK Lines Limited, con la que su empresa familiar se había limitado a colaborar. UK Lines Limited fue fundada por el padre de José Manuel Soria y el ministro ejerció durante varios años como secretario de la misma, tras el fallecimiento de su progenitor. El presidente del PP de Canarias -por cierto: más de quince años lleva ya de liderazgo cesarista e ininterrumpido- puede no haber cometido ningún delito. No se trata de eso. Se trata de que los papeles de Panamá terminan de perfilar una personalidad, la de José Manuel Soria, ligada a prácticas relacionadas con sociedades cuyo objeto central es liberarse de obligaciones fiscales. Y, sobre todo, se trata de mentir. Es algo que a las élites políticas y empresariales no les termina de caber en la cabeza: no se puede mentir una y otra vez cuando la realidad desmiente cada una de tus falsedades. Porque estás riéndote no solo de tus electores, sino de todos los ciudadanos. Porque te estás orinando sobre los principios democráticos y los valores constitucionales y te ha salpicado la corbata y se te nota. Se te nota mucho.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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