Luz de luna

Carta a Mariano Rajoy

13.04.2016 | 10:02

Estimado Señor Presidente del Gobierno: le escribo en relación a su desacertada decisión de defender el pacto entre la Unión Europea (UE) y Turquía, con el cual se garantiza la devolución a este último de los refugiados sirios que llegan a Europa en base a considerar a aquel como un país seguro al que se les puede expulsar sin que su vida corra peligro.

No comprendo cómo una persona de su integridad puede tomar una decisión de tal magnitud sin sentir el mayor ápice de culpabilidad, creyendo que con ello representa la voluntad de toda una nación cuando en realidad solo es la respuesta al comportamiento xenófobo que caracteriza a su partido político y el compromiso de la derecha de blindar el territorio de la UE para garantizar la defensa de sus valores más tradicionales a base de expandir el veneno del miedo entre la propia sociedad.

Me lo imagino levantándose feliz cada domingo al comprobar que tiene un techo donde dormir y que está rodeado del calor de una familia unida, a la par ahí fuera existen microciudades construidas a base de cartón, madera y vallas, convertidas en campos de concentración en las cuales habitan personas de distintas nacionalidades, que tuvieron que huir de sus países de origen, y que encuentran en Europa una alternativa a su desgracia.

Me lo imagino mirándose al espejo, colocándose el pisacorbatas grabado con las iniciales de su nombre y desayunando copiosamente con los suyos porque no les falta de nada, sin darse por aludido en relación a que la ropa de marca que viste ha sido fabricada en talleres de países asiáticos, los cuales utilizan la consabida mano de esclava y en los que trabajaban algunos de esos refugiados, mientras bosteza al escuchar en la radio las primeras noticias referentes a que esos harapientos se matan entre ellos como aves de rapiña para robarse algo de pan con el cual subsistir un día más.

Me lo imagino en misa, ensalzando la cristiandad en su éxtasis por escalar la montaña de la fe en busca de la salvación eterna, esa misma religión que en su momento quemaba, torturaba y asesinaba a través de la Inquisición, aunque usted sí tiene derecho a pronunciar el término Dios sin miedo a que le detengan porque el verdadero peligro está en aquellos que profesan otro casi prohibido denominado Alá.
Me lo imagino elucubrando un término para sustituir el de deportación por un eufemismo como "devolución en caliente", repasando en la pantalla de su ordenador el texto que leerá en su próxima intervención en el Congreso de Diputados, donde justificará esa decisión porque los refugiados sirios son un peligro real para la seguridad y soberanía europea debido a su vinculación a Estado Islámico. Sin embargo, también es lícito que estreche la mano del dictador Teodoro Obiang y que se olvide del famoso triunvirato Azar-Blair-Bush, que decidió invadir Irak con la excusa de la existencia de armas químicas de destrucción masiva cuando en realidad era una mentira para derrocar a Sadam Hussein y presionar a la ONU con el fin de que levantase las sanciones que pesaban sobre ese país, el segundo del mundo en producción de petróleo.
Pero no me lo imagino arrastrándose por el barro ni sobornando a guardias fronterizos, como tampoco haciendo frente a los traficantes turcos de personas ni subido a una lancha neumática con un chaleco salvavidas falso, ni siquiera lleno de ira porque han intentado violar a uno de sus hijos, simplemente porque usted no es un refugiado.

Me despido recordándole que ser sirio o musulmán no significa pertenecer a Estado Islámico (revise cuántos europeos forman parte de ese grupo terrorista) y que no hay refugiados de primera o segunda clase, así como que sus decisiones no están en consonancia con las desgracias que suceden ahí fuera porque se aferra a su obcecada idea de un mundo en el cual usted representa el bien. Reciba un cordial saludo.

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