La Ciprea

La topografía de las lágrimas

04.04.2016 | 23:24

L as lágrimas de alegría o de tristeza no son iguales. La fotógrafa Rose-Lynn Fisher en su exposición The Topography of Tears (La topografía de las lágrimas), nos enseña la diferencia que existe entre unas lágrimas y otras. Fisher recogió distintas lágrimas en distintas situaciones, las dejó secar y luego las observó en el microscopio. Está claro, según estas observaciones, que las de dolor nada tienen que ver con las que derramamos en una explosión continuada de risa o al pelar una cebolla. Evidentemente que no lo son. Al margen de aceites, encimas, anticuerpos y soluciones salinas (sí, es cierto, las lágrimas son saladas, muy saladas y poco saladas, pero "dulces", nunca; eso es solo literatura), las lágrimas contienen sustancias neurotransmisoras como la endorfina (asociada a la euforia o el placer) y la encefalina (asociada al dolor). Todas estas sustancias químicas, hacen que las sales cristalicen de diferente manera al secarse. Y se secan de distinta manera las de alegría, amor, miedo, vergüenza, enfado, tristeza o frustración. Gran descubrimiento que viene a demostrarnos que, a pesar de las apariencias en muchas ocasiones, seguimos siendo animales racionales incluso llorando. Ya lo sabíamos. No es ningún descubrimiento científico aunque la ciencia lo intente proponer como tal en estos momentos.

La propia Rose-Lynn nos dice que "el hecho de que las lágrimas de alegría sean distintas de las de pena resulta extrañamente reconfortante". Lo es. Nos reconforta saberlo y saber que hay diferencias de color y temperatura, incluso de forma. Nos complace saber que tanta lágrima derramada no ha sido en vano. Que en algún lugar de nuestro cerebro se combinan las partículas para formar flores, ramas, ríos extraños por donde transcurren las sensaciones que nos hacen sentir mejor o peor; que nos hacen volar o sentarnos a esperar algo que nunca llega y nos conducen a la desesperación que imagino, una vez derramadas y puestas a secar, solo nos mostrarían murciélagos negros.

Aún me queda la certidumbre de que el llanto que nos ha acompañado desde la cuna le ha servido a la ciencia para mostrarnos que somos algo más que animales doloridos y confusos; que somos seres capaces de diferenciar el dolor de la alegría; capaces de llorar por dentro y por fuera; capaces de llorar a lágrima viva y a lágrima muerta; capaces de entender que hay alguien que pueda enjuagarlas de nuestro rostro; que aún existen espíritus dispuestos a la lucha por hacer cambiar el rumbo del dolor ajeno; capaces de entregarlo todo por causas que parecen imposibles e, incluso, por traducir a una misma lágrima las miles de lágrimas desconocidas; capaces de demostrar que aún lloramos por las mismas causas y nos parten el corazón las mismas razones.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine