Tomando el pulso

¡Se acabó!

05.04.2016 | 02:00

C uántas veces hemos exclamado estas dos palabras y es que cuando uno menos se lo espera, en muchos casos en el peor momento, se acaban las cosas. Lo curioso son las situaciones que se dan alrededor con toda clase de comentarios y lamentos. Vamos tranquilamente a un bar a tomar unas cañitas y cuando el camarero las intenta servir, ¡Plaff! Estallido de espuma, disculpa al canto e inicio del proceso de cambio de barril que lleva su tiempo así como habilidad para realizarlo, no todos lo saben hacer. En la cocina de repente se acaba el rollo de la misma, hoy sustituto de tanto paño y al mismo tiempo considerado secador de fritangas. Parece que desde el baño se enteran de esta situación y el rollo de papel higiénico no va a ser menos y decide hacer lo mismo. Ojalá exista uno de repuesto cerca y evite situaciones incómodas. Es costumbre de muchos dejar lo mínimo de papel hasta el final, con la mala idea de que el que acuda posteriormente, lo cambie. En el super pasamos por caja y que casualidad, se termina el rollo de la factura, si eres de confianza, lo pasas pero si no, el parón está garantizado y como consecuencia, la cola de espera. Cómo no, está el pago con tarjeta y cuando te preguntan si quieres copia, en breve se acaba el rollo pudiéndose ver dos rayas de color rojizo paralelas que advierten de la situación. Si escribes con pluma, calcular, porque se corre el riesgo de quedarse sin tinta y recargarla se puede complicar dependiendo del sistema. Los rotuladores no se quedan atrás pero llevar una carga de repuesto es más fácil. Los relojes de pila te pueden dejar con la hora congelada y cuando uno se da cuenta exclama: ¡No puede ser esta hora! Las pilas, en general, pueden ocasionar trastornos y como ejemplo un simple despertador, dando la razón a muchos que colocan varios, por si acaso. En las cocinas de gas, es todo un drama cuando se acaba la bombona, que no lo haga a medio cocinar una paella, que se arma. Si ves la televisión, mejor con algo de picar, vas a la despensa y al ver la misma vacía exclamas: ¡Ño, se acabó todo! Si falta la leche, los desayunos se tambalean y los batidos para qué decir. En fin, muchas veces acabaremos como los extranjeros diciendo aquello de ¡Finito, finito!

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