Tomando el pulso

La misma hostelería

29.03.2016 | 02:00

Quizás esta es la frase más repetida cuando una persona tiene la oportunidad de visitar diferentes locales dedicados a la hostelería y degustar su abanico de platos. Muchas veces uno tiende a hacer lo mismo que el otro y no siempre es bueno, ya que se dice aquello de que en la variedad está el gusto, nada que ver con la realidad. Hace años, muchos recuerdan visitar un determinado lugar por la especialidad que ofrecía. Era normal hacer un recorrido por varios locales degustando variedad de sabores y como no, buen vino. A veces, tanto el blanco como el tinto, marcaban el cierre del denominado Guachinche hasta el año próximo con la llegada del vino nuevo. Hoy no es así, y son muchos los que tienen diferentes tipos de este líquido elemento durante todo el año. Como ejemplo de antaño, era ir a un primer local, pedir una cuarta y media ración de la especialidad de la casa. Si el vino estaba en condiciones, de esos que se cuela, se optaba por pedir otra cuartita.

Más tarde se visitaban uno o dos locales más con la misma idea, dando por concluida la jornada gastronómica. A día de hoy, la cosa ha cambiado y parece que todos los días abre una tasca. Si observamos las cartas y pizarras, podemos llegar a la conclusión de que casi todas tienen lo mismo. Está claro que el principio de originalidad, como que no. Plato de embutidos por un lado y queso por otro, huevos estrellados o revueltos, unos más trabajados que otros, eso sí, conociendo la receta o no, servirlos, a veces con otro nombre con la finalidad de cobrarlos. Más de uno los acompaña con un vinito o cervecita para así olvidar el precio de costo del famoso plato y así evitar preguntarse cuánto cuesta un huevo, un chorizo y tres papas en el supermercado. Dicho esto, reconocer que un negocio de hostelería es muy serio y sacrificado. Tiene muchos gastos como el pago del alquiler, nóminas de empleados con su correspondiente seguridad social, agua, luz e impuestos. A lo anterior hay que sumarle la mercadería y pensar que cada cuatro semanas es como la pescadilla que se come la cola. ¿Cuánto hay que vender como mínimo para hacer frente a todo esto?

Queda claro que para los profesionales
del sector, bastante. Mientras, los clientes visto lo visto reflexionamos: "No hay gente para tanta tasca".

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