Retiro lo escrito

Situación explosiva

24.03.2016 | 02:00

E s inevitable. Cada vez que los terroristas maten se nos encogerá el corazón –cuando no el cerebro– escuchando que esto se arregla a base de bombardeos o que al islamismo convertido en arma criminal se le liquida eliminando la pobreza en Oriente Medio. Es difícil elegir cuál de estas dos estupideces es mayor o menos peligrosa; el salvajismo belicista y el buenismo progresista terminan justificándose mutuamente. Un poco más modestamente cabe centrarse en Bélgica y preguntarse, con humildad analítica, por qué ha ocurrido esta matanza precisamente ahí; por qué, igualmente, las fuerzas y cuerpos de Seguridad europeos estiman que los brutales atentados de París del año pasado se planificaron en Bruselas y sus alrededores.

Las policías de medio continente muestran un discreto pero firme desprecio por una situación que a las autoridades belgas se les ha terminado por escapar de control. El Estado belga –una ficción administrativa bastante reciente– evidencia síntomas de disfuncionalidad desde hace décadas. Es muy recomendable un reportaje publicado en la revista digital Politico.eu y que narra, con hechos, cifras, nombres y apellidos, cómo Bruselas, y particularmente el distrito de Molenbeek, se ha transformado en un centro de llamada para el salafismo. "Bélgica cuenta con ocho parlamentos (el federal, tres regionales, tres de comunidades lingüísticas y el europeo) y el área metropolitana de Bruselas con diecinueve municipios, con diecinueve alcaldes, y en el país operan seis cuerpos de policía distintos". Desde 1960 y hasta anteayer se asentaron en Molebeek decenas de miles de musulmanes –procedentes mayoritariamente del norte de África– a los que se cortejó electoralmente. Los sucesivos gobiernos belgas eligieron construir una vía diplomática privilegiada con Arabia Saudí –quizás el Estado árabe que más gasta en la extensión del salafismo y la financiación de escuelas coránicas– para conseguir contratos petroleros a precios tolerables. Fruto de semejantes cortesanías fueron la apertura del Centro Cultural Islámico de Bruselas y la construcción de una Gran Mezquita donde, con una insólita libertad, numerosos imanes llevan más de treinta años difundiendo los preceptos salafistas, lo que ha llevado a la creación de movimientos islamistas con fluidas conexiones internacionales. La incompetencia generalizada de un conjunto de policías cuya profesionalidad se mueve en un punto intermedio entre Peter Sellers y Louis de Funès ha hecho el resto. La exacerbación de los regionalismos en una incesante guerrilla parlamentaria, el electoralismo miserable enmascarado de multiculturalismo comprensivo, la imbecilidad política y la superstición de que un elevado consumo de proteínas protege del fanatismo religioso han llevado a los belgas a esta situación literalmente explosiva. Bruselas debe ser, está condenada a ser con urgencia, un laboratorio europeo para modelizar la necesidad de extirpar la violencia del fanatismo religioso sin menoscabo de las libertades civiles.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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