Aula legal

¿Prescriben los delitos?

24.03.2016 | 02:00

M uchas veces el lector se habrá cuestionado lo siguiente: ¿Qué es eso de la prescripción de los delitos y cómo puede suceder en un estado de derecho que alguien que cometa un delito pueda quedar impune? Pues bien, la prescripción de los delitos viene recogida en el Código Penal, más concretamente en su artículo 131 y siguientes, y fija diferentes periodos de tiempo en función de la gravedad de los delitos y la pena que ellos conlleva.

Lo más difícil de comprender es la necesidad de existencia de esta figura. Se trata de una causa de extinción de la responsabilidad penal, es decir, que transcurrido el periodo de tiempo fijado para cada delito, el autor del mismo no estará obligado a asumir las consecuencias derivadas de dicho delito, ni a responder judicialmente por él. La necesidad de incluirla en el Código Penal ha sido matizada por la jurisprudencia. El Tribunal Supremo considera que su fundamento radica en razones de seguridad jurídica. Sentencias, entre otras la de 22 de octubre de 1992, justifican la prescripción debido a que, aunque la pena es necesaria para la protección de los derechos de las personas, así como para el mantenimiento del orden público, no es menos cierto que el transcurso del tiempo desde que se comete el delito sin que haya sido castigado el culpable hace que la pena no pueda cumplir sus finalidades de prevención general y especial, incluso, interfiriendo en la finalidad resocializadora que esta tiene.

Aún habiendo sido señalado lo anterior, conviene resaltar que hay determinados delitos que no prescriben con el transcurso del tiempo. En primer lugar, no prescriben los delitos de lesa humanidad, que son aquellos que se basan en actos inhumanos como parte de un ataque generalizado y sistemático contra una población civil, incluyendo el asesinato, el exterminio, la esclavitud, la deportación, el encarcelamiento, la tortura, la persecución por motivos políticos, raciales o religiosos y otros actos inhumanos. Tampoco prescriben los delitos de genocidio, similares a éste último, pues es el exterminio de un grupo racial, religioso o étnico, ni los delitos contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado, es decir, los delitos cometidos en tiempo de guerra. Por último, no prescriben tampoco los delitos de terrorismo que hayan causado muertes, lo que comúnmente se llama delitos de sangre.

Puesto de manifiesto la necesidad de existencia de la prescripción y señalados los delitos que no prescriben, conviene resaltar que ésta se interrumpe en el momento que, mediante indicios, se dirige la investigación penal frente al presunto responsable del delito. Si se inicia una investigación judicial por cualquier delito de los que tiene fijado plazo de prescripción, este plazo se interrumpe, quedando sin efecto el tiempo transcurrido. Esto sucede en casos donde la investigación es larga y minuciosa, como el caso Gürtel o Púnica, donde, a pesar que su tramitación se demora con el transcurso del tiempo, los delitos no prescriben y por tanto, los imputados o investigados, responderán por su participación en los hechos.

También se suspende el plazo en el caso de que se interponga una denuncia o querella frente a una persona acusándola de un delito, suspensión del plazo que dura un periodo de seis meses, reanudándose en caso de que se inadmita la denuncia o querella, o si no se produce resolución alguna.

A pesar de la impotencia que supone asumir que determinadas personas pueden salir de rositas tras haber cometido un delito, y más si cabe cuando este delito afecta a nuestros derechos e intereses, lo cierto es que ha de considerarse necesaria la prescripción, porque podría igualmente, dar lugar a situaciones injustas, condenando a personas por delitos cometidos en el pasado cuando éstas han decidido cambiar de vida. Y evitar estas situaciones injustas también es labor del estado.

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