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In memoriam

A mi sobrino Óliver

22.03.2016 | 02:00

E sta carta te la escribimos conjuntamente tu hermano Fran y yo. El 20 de febrero, desde muy temprano, se dispararon todas las redes sociales de nuestro entorno familiar y amical para decirme algo que nunca pensé que llegara a oír en mi vida y era que mi sobrino Óliver, el hijo mayor de mi hermano Quico, había fallecido a los 40 años. No podía creerlo y mucho menos aceptarlo y admitirlo, pues venía a quebrar y a hacer trizas, una vez más, el orden del devenir natural y existencial humano, que nos dice que los hijos son los que entierran a sus padres y no al revés.

Recé por él pero mucho más por su padre para que el Señor le dotase de la serenidad y fuerza suficiente para sobrellevar esta durísima prueba que le había puesto en su camino. Yo no hago más que preguntarme ¿Qué más calamidades tienen que pasarle a mi hermano Quico? ¿No es suficiente que haya perdido a su pequeña hija María Rosa, a su mujer Juana María y ahora a su hijo Óliver? A mi hermano tres consuelos deben quedarle y aferrarse a ellos como la lapa a la roca. El primero es que su hijo Óliver, afortunadamente, no se enteró que nos abandonaba y ya se ha reunido con su madre y con su hermana, lo suyo fue fulminante. Segundo, que al haber fallecido su madre hace ahora seis años, el señor la ha liberado y dispensado de estar presente en estos trágicos momentos de la muerte de su hijo mayor Óliver, pues de estar viva yo creo que no lo hubiera superado ni mucho menos aguantado este trance infinito de dolor que genera la pérdida de un hijo. Definitivamente pienso que tal pérdida la hubiera acompañado el resto de su vida. Y tercero, tienes la compañía, el amor, el cariño y la ayuda de tus otros dos hijos, Borja, su mujer Diana, tus nietos Diego y Pablo y tu hijo Fran, sin olvidar a tus cuñados Luzma y Paco Guerrero, amén de los hijos de estos, pues la buena persona de Luzma al morir su hermana Juana María pasó a desempeñar el papel de madre no solo de sus hijos biológicos sino de los tuyos, pues entre ellos eran más hermanos que primos. Aférrate a todo esto.
Ha llegado a mis manos una carta que te escribió tu hermano Fran solo horas después de tu partida. Entresaco de ella un párrafo que dice: "Cuida a mamá y a nuestra hermanita que Borja y yo nos encargamos de papá. Te queremos Óliver. Subiste muy pronto, rápido y con una sonrisa tal y como eras tú. La carta de tu hermano Fran lleva como título: A mi hermano Óliver, un misil tierra-aire y añade que mientras te velamos llegué a pensar que en cualquier momento te calentabas, cogías tus cosas y salías disparado de aquella dichosa caja hacia tu ciudad de La Laguna. Eres una persona sentimental, generosa, espontánea, maniática, honrada, con tus prontos, pero de gran corazón y con exquisito sentido del humor. No pasaste desapercibido, haz dejado huella y un vacío inmenso. Querías más a los demás de a tí mismo y esto no te lo podré perdonar. P.D.: Tampoco nos olvidaremos de tus maravillosas ensaladillas.

Y yo, tu tío Juan, debo decir que fuiste un sobrino alegre, simpático y jovial que durante muchos años trabajaste junto a tu padre y hermanos, así como también tu madre Juana María, en vuestra Agencia lagunera, y perteneciste a la cofradía decana de La Laguna que era la de La Sangre, cuyo titular es el Señor de la Cañita, a la que también pertenecen tu hermano Fran y tus tíos Ángel y Enrique.

Siempre salías el miércoles Santo con tu capirote junto a tu hermano Fran y a tus tíos Ángel y Enrique y ten seguro que en esta próxima Semana Santa te echarán muchos de menos y rezarán tu ausencia.

A tu padre Quico, a tus hermanos Borja, Diana y Fran, a tus sobrinos Diego y Pablo, a tu tía-madre Luzma y a su marido Paco Guerrero, así como a los hijos de éstos que eran como "hermanos" tuyos sólo decirles que les acompaño en la Esperanza.

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