Misterios

Venta de enigmas

20.03.2016 | 02:00

H ace unos días los medios de comunicación, en particular la prensa digital, volvieron a hacerse eco de una de esas estupideces de guardia de las que echan mano cuando no tienen otra cosa en la que perder el tiempo: la coincidencia entre el logro de un gol del mediocentro del Arsenal Aaron Ramsey y el fallecimiento de un personaje famoso. Algunos ignorantes les contarán que no existen las casualidades, que todo obedece a causalidades; pero esto, aparte de estar torpemente inspirado en el pensamiento esotérico, es una estrategia para hacerse los interesantes y vender su moto entre los que compran mercancía caducada alegremente. También podemos encontrar una fauna semejante entre los que, desde su tenderete misteriosillo, publicitan sus misterios canarios -un conjunto de leyendas urbanas y de rumores fabricados siglos atrás a partir del desconocimiento de la mente humana y de los fenómenos de la naturaleza- como si fuesen enigmas a la altura del origen de la vida en la Tierra o de los mecanismos que dieron origen al llamado Big Bang.

Cada vez que alguien nos pretenda convencer de la realidad de este enigma, aquel misterio y la otra ocurrencia paranormal, ya sea la casa desencantada del Museo de Historia y Antropología de La Laguna, el barranco güimarense de Badajoz, cúmulo de leyendas y creencias trasmundanas respecto de las cuales las pruebas reales e irrefutables brillan por su ausencia, la inexistente hace cuatro siglos y ahora isla de San Borondón, las apariciones de platillos volantes en las playas de una isla u otra con protagonistas rigurosamente anónimos, etc; cada vez, digo, que usted detecte propaganda al respecto, póngase en guardia, como se pondría en guardia cuando se le acerque al oído un fulano que quiera venderle a Messi para su equipo de aficionados domingueros y barrigudos al fútbol.

A menudo esta chatarra misteriosita de Canarias, cuyo valor no supera el de cualquier otra creencia abordable con los recursos de la antropología, la sociología de las creencias y la crítica de las ideas pseudocientíficas, se intenta legitimar por su propia naturaleza canaria, como si lo de aquí fuera superior a lo de fuera o más relevante porque lo decreta el charlatán de turno, el avispado que hace del ombligo canario el más redondo, el más profundo y el que nunca acumula pelusilla. Será que yo me siento español, y me da lo mismo que una creencia, una patraña, un recalentamiento neuronal del periodista de pseudomisterios sea de El Hierro, de Tenerife o de Tordesillas, ya que todos habitan mi país, y por todos tengo un interés semejante y saludable por destripar sus engendros, impedido solo por los kilómetros que separan a unos de otros. Porque la charlatanería no conoce fronteras, ni mares la estorban: Francisco Padrón se pasó años divulgando disparates ufológicos y psicologías ocultistas de todo a cien y, entre los círculos de creyentes, pasaba por ser una autoridad; una autoridad que, como tantos otros, no aportó jamás una prueba contrastable de sus afirmaciones, y que ayudó a vestir de seda a la mona de Canarias, hasta el punto de que por aquí llegaban alemanes creyendo que esto era el paraíso cuando Adán y Eva no tenían pudor de enseñarse el pajarito y la rajita.

Se quejan algunos de que, de tanto en tanto, se acercan por las islas algunos expertos en vender la misma mercancía, o semejante, que venden ellos; o, al menos, con el mismo espíritu alternativo-quiero-su-pasta-ya por definición, ya sean enigmas del ocultismo más cascado (fantasmas, psicofonías, tradiciones mágicas y rutas de la nada) o productos que te dejan patidifuso como la oferta de agricultura homeopática (sic) en La Palma (busquen, compren y lean La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz). Hace algunos años, incluso, intentaron que la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria tragara un anzuelo de estos, un aquelarre de espiritistas y periodistas-mercaderes, pero, avisado desde el Aula Cultural de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna (http://www.divulgacioncientifica.org) y con muy buen criterio el rector de la ULPGC le dijo a la troupe del circo paranormal que se fuera con viento fresco a montar su carpa donde los dejaran. Mientras unos se quejan de que les pisan el terreno, como digo, a mí me divierte ver cómo actúan en esa lucha por la vida magufa, la vida de la pose con buen rollo, verborrea pseudocientífica y sobre-abundancia de misterios a tanto el kilo, en prensa y en revistas en papel cuché en decadencia.

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