Editorial

Ten Bel, una cuenta pendiente

20.03.2016 | 02:00

E ra una urbanización idílica, un paraíso en medio del malpaís y los tabaibales. Los apartamentos se repartían a los lados de jardines y piscinas. Había minigolf, pistas de tenis, tiendas y restaurantes. Y por la noche siempre quedaba la opción de bailar en las famosas fiestas de la Ballena. Muchas familias tinerfeñas pasaron allí sus primeras vacaciones, especialmente en los años 70 y 80, cuando el Archipiélago se recuperaba de tantos años de penurias. Es Ten Bel. O, más bien, era Ten Bel. Porque todo aquello es hoy sólo recuerdo.

Es difícil entender que unas Islas que le deben tanto al turismo tengan rincones tan degradados como Ten Bel, para colmo situado en un municipio, Arona, que depende especialmente de este sector. No son sólo dos jardines, dos calles, una parada, varios locales€ Son espacios enteros tomados por las malas hierbas, la basura y los escombros que ha dejado la decadencia de Ten Bel. Un proceso que se lleva produciendo desde hace años ante la mirada imperturbable de los responsables públicos. Años viendo a cámara lenta el derrumbe de un lugar que se está llevando consigo tantos y tantos fotogramas de felices vacaciones.

Ya no es sólo la triste contemplación de este abandono, que en algunos rincones parece apocalíptico. Es también la mala imagen que transmiten unos paseos desastrosos, unos jardines sin el más mínimo cuidado, mobiliario urbano -el que queda- destrozado€ ruina por todos los lados. Es imposible para quien lo conoció en su esplendor evitar un ataque de nostalgia. Primero los apartamentos Carabela y luego se fueron sumando Eureka, Bellavista, Géminis, Drago, Frontera-Primavera, Maravilla y Alborada.

De aquellos primeros pasos, recién inaugurada la urbanización en 1963, con todo la publicidad que se le dio como uno de los primeros grandes centros vacacionales del sur de Tenerife, solo queda apenas el murmullo de los plásticos que campan a sus anchas sin que nadie los recoja.

El problema es complejo. Ten Bel surgió como una urbanización turística privada, que llegó a tener en su momento álgido 5.200 camas. Se explotaba en régimen de apartamentos y sus dueños se hacían cargo del mantenimiento de las zonas comunes. Pero, con los años, esos apartamentos se fueron vendiendo a particulares, que a su vez los ocupaban o los alquilaban, con lo que se fue atomizando la propiedad y la gestión. A esto se unió el progresivo ocaso de la zona, con apartamentos que quedaban vacíos.

Era y sigue siendo una zona privada pero ya no tiene uso turístico, el que se contempla en el Plan General, sino más bien un uso residencial. Y el Ayuntamiento de Arona tampoco ha aportado nada para acabar con este desastre que tanto afea esta parte de la Isla. Sorprende que lleve años prometiendo soluciones –se comprometió entre otras cosas a llevar allí la sede de la Policía Local o un centro de salud– y ya no sólo es que no se ha visto ni un cartel de esos proyectos, sino que todavía hable de que se encuentra en el proceso.
El pasado domingo, en una noticia que publicaba la opinión de tenerife, el concejal de Urbanismo aronero, Luis García, aseguraba: "Ahora mismo estamos teniendo distintas reuniones con la parte privada para conseguir un nuevo proyecto de urbanización. La zona ha cambiado muchísimo y tenemos que volver a partir de cero para buscar soluciones".

Lo primero es llevar a cabo una reordenación urbanística. "Tenemos que ver los usos de las parcelas, las calles, jardines y viales", aclaró García. Y sorprendió que aludiera a que el Ayuntamiento todavía estaba pendiente de pasar a gestionar la parte pública de la obra. "Un 10% de la urbanización es de propiedad pública pero aún no la hemos recibido. Desde que la tengamos podremos prestar servicios de mantenimiento en algunas zonas del complejo".

¿Tantos años y el Ayuntamiento todavía no ha recibido la parte pública? Ha habido complicaciones por la maraña burocrática, por la suspensión judicial del mismo Plan General de Ordenación –otro desastre de Arona– que imposibilita el cambio de usos de las parcelas. Pero se ha perdido demasiado tiempo y ni Arona, ni Tenerife, ni ninguna otra Isla se pueden permitir mantener semejante aberración en pleno corazón de su principal motor económico.

Los nuevos responsables municipales deben acelerar el proceso y comenzar a darle otro aspecto a Ten Bel, la imagen que se merece, la de aquel sueño del empresario belga Michel Albert Huygens hecho realidad a principios de los 60 y que sigue siendo un hito en la historia del turismo de Canarias.

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