Tribuna abierta

Titiriteros

17.03.2016 | 10:07

D e aldea en aldea, el viento lo lleva siguiendo el sendero (...)", cantaba Joan Manuel Serrat en su tema El titiritero. El hecho ocurrió a comienzos del pasado mes de febrero: dos jóvenes titiriteros miembros de la compañía Títeres desde abajo, Alfonso y Raúl, representaban en una plaza madrileña del distrito de Tetuán La bruja y Don Cristóbal, una obra satírica inspirada en otra de Lorca (el Retablillo de Don Cristóbal), en la que un títere polícia le colocaba a otro una pancarta para incriminarlo en un delito. La obra no era para niños, aunque un error de programación por parte del ayuntamiento confundió a algunos padres que, alarmados por el contenido de dicha pancarta, llamaron a la policía para que detuviera a los cómicos. Inmediatamente la noticia saltó a los medios de comunicación, provocando el asentimiento o la indignación ante algo que parecía no admitir dudas: expresarse con libertad en una obra de ficción no constituye delito alguno.

En libertad con cargos, a los titiriteros les han retirado el pasaporte, prohibido salir del país y deben presentarse cada día ante la justicia. No sólo eso, el ejercicio de esa libertad de expresión que, me parece, aún recoge la Constitución Española, los podría llevar a pasar cuatro años en la cárcel por una supuesta acción de "enaltecimiento del terrorismo" según el Código Penal y el juez Ismael Moreno. Pero volvamos unas líneas más arriba: ¿Qué decía la pancarta que el títere policía le colgaba a otro y que provocó este atropello? Decía Gora Alka-ETA, en una parodia del abuso de poder y la manipulación policial que se ha hecho realidad, cuando nunca debió salir, como los crímenes, los asesinos o los monstruos imaginarios, del ámbito de la ficción. Además de que el género, derivado del Pulcinella italiano, es conocido desde la Edad Media en toda Europa, Cervantes, en el capítulo XXVI de la segunda parte de El Quijote, escribe que Alonso Quijano, llevado por su locura, confunde a los "titereros" del retablo de maese Pedro con moriscos de verdad, lo que provoca que destroce los muñecos como si peleara con guerreros sarracenos reales.

No sé cuántas veces ha leído el juez Moreno El Quijote, pero le recomiendo, a él, a los padres alarmados, al PP madrileño y a la Fiscalía General del Estado, que vuelvan a la novela y aprendan de una vez la diferencia entre ficción y realidad.

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