Retiro lo escrito

Incomprensiones

15.03.2016 | 02:00

A medida que transcurre el tiempo un extraño río, en cuyas orillas crece algo amenazante pero que todavía no puedo o quiero ver claramente, me lleva, veloz y arremolinado, hacia una insípida papilla de sentido. Una vez me contaron que cuando se crece se van comprendiendo las cosas, pero está ocurriendo justo lo contrario. Cada día entiendo menos. Por ejemplo, la solicitud de Izquierda Unida de retirar de la fachada del Ayuntamiento de Santa Cruz la bandera de la Unión Europea. Lo piden como acto de protesta por la criminal política que se está imponiendo en las fronteras comunitarias con los refugiados de origen sirio (y no solo), que tiene su penúltimo y escalofriante capítulo en el miserable preacuerdo entre la Unión y Turquía: puro mercachifleo con carne humana a la que se trata peor que la carne de cerdo. Pero, ¿qué puede significar retirar la bandera de la UE del ayuntamiento santacrucero? La bandera de la Unión Europea no representa una decisión política, un programa, un Gobierno o una mayoría parlamentaria. Ninguna bandera lo hace. La bandera azul de la UE representa a todos los ciudadanos europeos, incluidos los muchos millones que juzgan como una inconcebible aberración lo que está ocurriendo en sus fronteras. Representa, también, los principios e ideales fundacionales del proyecto europeo que los actuales dirigentes del continente están traicionando con miedo y saña y amenazan con triturar definitivamente. La actitud, más o menos, debería ser la contraria. Negarse a que la ultraderecha, los xenófobos, los racistas y los burócratas cómplices terminen prostituyendo a Europa y recabando para sí la legitimidad de instituciones y símbolos, incluida la bandera, por supuesto. A las manifestaciones contra el tratado entre Europa y Turquía hay que marchar con la bandera europea al frente. Encima no se las vamos a regalar.
A José Naranjo le han concedido el Premio Canarias de Comunicación y es imposible no alegrarse por la noticia: Naranjo es un periodista de una profesionalidad encomiable que toca la vida con la punta de los dedos -y de la inteligencia- en cada una de sus informaciones. Gracias a la valerosa labor de Pepe Naranjo desconocemos un fisquito menos África, sus victorias y derrotas, sus catástrofes y su prodigiosa energía. Pero, claro, el Premio Canarias de Comunicación se basaba en reconocer y galardonar la carrera profesional de un veterano, no las excelencias del trabajo de un periodista todavía joven. Por eso, precisamente, quien primero lo recibió fue un herreño octogenario como el gran José Padrón Machín. Se comprende que el Gobierno -o el jurado- quiere complacerse por los parabienes universales que se escuchan a la hora de distinguir a un joven profesional, pero aquí y ahora se pierde la posibilidad de distinguir a periodistas que trabajaron y lucharon -a veces pagando precios muy incómodos- por informar y analizar en las postrimerías del franquismo y durante la Santa Transición. Ya sé que los viejos son más problemáticos, porque tienen una historia dura como una costra a sus espaldas y a menudo ya no agradecen que se sea agradecido. Da lo mismo. No se deberían ir sin saber que desearíamos que no se fueran, sin saber que se les reconoce con el respeto debido.
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