La Ciprea

Cerrad bien las piernas mujeres del mundo

15.03.2016 | 02:00

La juez miró a la mujer que esperaba una sentencia justa por parte de los tribunales; una respuesta a todo el sufrimiento causado por violación, malos tratos, un embarazo no deseado y varias agresiones por parte del hombre que la había violado, humillado y destrozado la vida. Y la juez, desde lo alto de su poderoso trono, solo se le ocurre preguntarle si había cerrado las piernas cuando aquella mierda de vida se le vino encima con toda su fiereza, su mala sangre y su violencia. "¿Cerró bien las piernas?, ¿cerró toda la parte de los órganos femeninos?", le preguntó la magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Vitoria a una mujer que había denunciado en la comisaría de Policía Local de Vitoria maltrato habitual físico y psíquico que incluía dos agresiones sexuales, por lo que solicitaba orden de protección.

No. Yo no estaba allí cuando esa justicia cargada de malos hábitos y malas leyes que siguen protegiendo a los más fuertes frente a los más débiles pronunció tales palabras. Pero si hubiera estado allí me hubiera puesto en pie y le hubiera dicho que sí, que era un buen consejo. Cerrad las piernas, mujeres de la tierra -hubiera proclamado-, cerradlas bien para que no entren por ellas violadores y maltratadores. Para que no entren la miseria, el hambre, los trabajos indignos, los sueldos miserables, la esclavitud. Para que no vengan más hijos a este mundo donde padezcan explotaciones en minas y talleres de costura; donde sean torturados en fábricas clandestinas en las que se confeccionan hermosos trajes, zapatos y bolsos que nunca podréis lucir; donde puedan ser asesinados para extraer sus riñones o sus hígados y comerciar con ellos; donde puedan ser secuestrados para ser explotados sexualmente en burdeles donde sebosos caballeros, sádicos y enfermos, disfruten de sus cuerpecillos o para ser alistados como soldados y entrenados para mataros después.

Sí, mujeres del mundo, cerrad bien las piernas para que nunca lleguen a devoraros las entrañas con carbones encendidos, minerales derretidos o ratones vivos introducidos en ellas para mayor gloria de los dictadores de la tierra. Cerrad bien las piernas, hijas de la ira, para que no os lleguen el dolor, la guerra, la hipocresía y las mil plagas de Egipto. Corred hacia la luz y no volváis la cabeza ni una sola vez; que los dioses no conozcan vuestros pasos en la arena para que nadie pueda deteneros en esa larga travesía que os aguarda. Cerrad bien las piernas, mujeres de la tierra, y no dejéis que las juezas, los hombres, las leyes, las costumbres y las conveniencias culturales y sociales puedan arrebataros la alegría de abrirlas cuándo y dónde os plazca. Amén.

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