Con mano izquierda

Contactos con tacto, contactos sin tacto

10.03.2016 | 23:26

Hace seis meses, el Ejecutivo ahora en funciones manifestó su voluntad de negociar el impulso de códigos de autorregulación sobre, entre otras materias, la inserción de anuncios de contactos en los medios de comunicación. Un lustro atrás, fue el Consejo de Estado el que emitió un informe solicitado por la entonces ministra de Igualdad Bibiana Aído, donde se constataba que sería necesario aprobar una disposición con rango de ley que permitiera al Ejecutivo prohibir o, al menos, limitar severamente, los anuncios de prostitución en dichas plataformas. De hecho, el citado órgano consultivo del Gobierno no se ceñía exclusivamente a la prensa escrita, sino que también hacía referencia a la televisión y a Internet.

Asimismo, se analizaba la incompatibilidad de la pretendida medida con el derecho a la libertad de expresión recogido en la Constitución, afirmándose que, siempre que la publicidad lesionara o pusiera en peligro bienes jurídicos protegidos por el ordenamiento, era posible establecer restricciones a su contenido por medio de una ley. Y, más en concreto, consideraba que los anuncios de contactos podían rebasar los límites de la citada libertad de expresión fijados para la esfera de protección de la infancia y de la juventud. La cuestión es que, a día de hoy, no se aprecian avances en este terreno.

Como punto de partida, conviene recalcar que la prostitución continúa siendo, siglo tras siglo, un fenómeno que presenta una especial incidencia en el ámbito femenino, puesto que son mayoritariamente mujeres quienes se convierten en objeto de consumo, es decir, en mercadería. También se observa que las hace víctimas de una completa desvalorización, que pugna frontalmente con su dignidad como personas y que es incompatible con los bienes y valores jurídicos reconocidos, tanto en la Carta Magna como en las demás leyes. Nos hallamos, pues, ante un debate muy serio que lleva abierto décadas.

Existen en nuestra sociedad defensores y detractores de la legalización de eufemístico "oficio más antiguo del mundo". Los primeros abogan por copiar modelos europeos de integración social, convencidos de que por esa vía las mafias del proxenetismo desaparecerían. Los segundos estamos convencidos de que siempre habría trabajadoras ilegales que se harían con el mercado gracias a la siempre efectiva reducción de tarifas, luego el problema continuaría siendo irresoluble. Hay quienes, por inexplicable que resulte, lo consideran un trabajo como otro cualquiera, mientras que muchos lo asociamos a un modo específico de esclavitud. Por mucho que sus partidarios intenten convencer al respetable de que es una ocupación necesaria, voluntaria y hasta gratificante, cada vez que observo a este colectivo exhibiéndose a la espera del cliente de turno se me hiela la sangre y me invade una sensación de fracaso difícil de explicar.

En consecuencia, estoy de acuerdo al cien por cien con que se prohíba la inclusión de estos anuncios, soeces en grado superlativo pero, al parecer, sumamente rentables, en la prensa gráfica generalista. Sus textos son para leer en ayunas y las fotos que los acompañan constituyen auténticos brindis al mal gusto. Por tanto, considero del todo razonable impedir que este tipo de publicidad quede al alcance de un público que, o bien no la desea, o bien no es apto por edad. Y, ya de paso, también me gustaría que los Poderes Públicos controlaran la exhibición de revistas pornográficas que, mezcladas con las golosinas infantiles, se exhiben en las estanterías preferentes de los tradicionales quioscos de calles, ramblas y plazas. No estoy hablando de prohibirlas, sino de recurrir a otras alternativas de venta que respeten los derechos de todos.

Tampoco estaría de más insistir en el cumplimiento de la normativa sobre contenidos de la programación televisiva en la franja infantil. Produce escalofríos pensar que los más pequeños estén expuestos a determinadas escombreras audiovisuales de las sobremesas. No pierdo la esperanza de que, tanto las asociaciones de consumidores como el resto de organizaciones en defensa de los ciudadanos, alcancen lo antes posible estos propósitos tan imprescindibles para construir una sociedad mejor.

www.loquemuchospiensanperopocosdicen.blogspot.com

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