Aquí una opinión

La cuarta definición de soberbia

09.03.2016 | 02:00

T anto como me molestó el desafortunado comentario de la cal expresado de forma tabernaria en el lugar menos indicado para ello como es el Congreso de los Diputados, me hizo sentir vergüenza ajena, unos días después, la resabida perorata rosa sobre una supuesta admiración física entre dos diputados en un tiempo breve que debió ser destinado a una exposición seria de trabajo parlamentario (tan bien remunerado, por cierto, por parte de todos los españoles).

Que ambas glosas hayan salido del mismo entendimiento no me resulta extraño si nos atenemos a un currículum repleto de similares primicias (benevolencias con dictaduras sudamericanas o salvas twitteras a condenados de dudosa ética). Pero debe de ser que el contar, por el momento, con la bendición de los votos suficientes como para actuar con tanto salero en un hemiciclo, da carta blanca para considerar que los exabruptos y las guasas en ciertos lugares y en delicados (o complicados) momentos, forman parte hoy en día de la política, cuando el sentido común los habría catalogado como politiqueo, aunque también es verdad que se creía que los políticos formaban parte de un servicio público y ese planteamiento se nos ha hecho trizas por ingenuo.

Sin ser admiradora del señor Felipe González, valoro, como cualquiera que hubiese sufrido la negrura del túnel de la dictadura, la llegada a mi vida de los que, como él, lograron la derogación de infames leyes, una apasionante y pacífica transición y, aún pudiendo ser mejorada, una Constitución que nos hizo similares a otros países a los que envidiábamos y de los que no tardamos en formar parte. Realidad que para reconocerla quien no la haya vivido, debe poseer inteligencia y generosidad. Y, hoy en día, de lo primero andamos escasos y lo segundo lo solemos circunscribir a entregar garbanzos y azúcar en los maratones solidarios.

De modo que agradezco que el Sr. González no haya entrado al trapo a pesar de haber percibido, según dijo, rabia y odio. Yo, que soy más de letras, recordé la cuarta definición de la palabra "soberbia" del diccionario de la RAE y opino que si uno quiere dedicarse a ciertas profesiones, es tan importante el bagaje personal como el rodearnos de personas sensatas quienes, por ejemplo, en lugar de dorarnos la píldora y dignificar un oprobio como "sano ejercicio parlamentario", aconsejen al jefe dejarse de machangadas.

Entre otras cosas porque los españoles nos estamos hartando de soportar el circo cutre en que se está convirtiendo nuestro (aunque algunos crean que, por cobrar, es suyo) Parlamento, tan necesitado, ¡el pobre!, de educación y clase.

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