La Ciprea

Sexo y gramática

08.03.2016 | 02:00

No es un problema gramatical. No se trata de añadir una "a" cada vez que hablamos. No se trata de feminizar constantemente el mundo que nos rodea. Sería tan grave como lo que hizo el patriarcado con la cultura: masculinizarla hasta extremos inimaginables. Se trata de educar. Educar y educarnos en la igualdad para cambiar gestos, actitudes, imaginarios y rituales. La fuerza que genera todo eso lleva al poder y el poder impone la gramática. Pero sería igual si el poder lo detentaran las mujeres y nos obligaran a hablar en femenino a base de bofetadas, cárcel y tormento. Sería inadmisible. La fuerza lleva al más fuerte (económica, social o psicológicamente) a creerse amo y señor de los más débiles sean hombres, mujeres, niños, ancianos, más pobres o más ignorantes, y a tratarlos como prisioneros de sus intereses
No se mata a las mujeres solo por serlo. También se mata a los hijos y se abandona y tortura a los ancianos; se desprecia una raza por su debilidad o su miseria, no por su color; que nadie desprecia a un árabe multimillonario por muy oscura que sea su piel y si que los despreciamos por venir nadando o caminando hasta nuestras fronteras. De la misma forma que no despreciamos a una mujer si ostenta cargos o títulos que la hagan aparentar fortaleza o dominio sobre los demás y si que lo hacemos cuando hacen trabajos forzados o se quedan en casa cuidando la prole y haciendo tareas más propias de esclavas o meretrices que de seres libres. En ese caso las dejamos a las puertas de nuestras vidas pidiendo perdón por el hecho de ser consideradas inferiores o, simplemente, innecesarias. Les tapamos la cabeza con un velo o la boca con una mordaza gramatical. Es igual. Los efectos secundarios son los mismos.

Nuestro nivel de comprensión de lo ajeno se mide por la capacidad de neuronas que ponemos en movimiento cada vez que pensamos.
Comprender el lenguaje y ponerlo al mismo nivel de la existencia de aquello de lo cual se habla no es lo habitual, y es por eso que las mujeres se han visto forzadas a exigir el uso del femenino a ver si así la sociedad empieza a entender el límite de sus carencias. Mientras no decimos "jueza" o "fontanera" o "ministra" hay quien no entiende que también hay mujeres que lo son. Y así hasta el infinito de los diccionarios que han sido o son o serán. Todavía faltan muchas "aes" en nuestras reales academias. Lo sé. Pero no nos confundamos. Primero hay que exigirles que nos vean, nos reconozcan y nos consideren. Lo de la "a", como casi todo, es una conveniencia social más.

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