Tomando el pulso

El cajero

08.03.2016 | 02:00

Qué importante es en nuestra vida un cajero. Ocupa un lugar preferente en las obligaciones de muchos días. La frase clave es: "Tengo que ir al cajero". ¡Cuidado! Hay dos tipos de interpretar esta frase, una por voluntad propia y cargada de buenas intenciones, al contrario que la segunda, que es dejándose caer, a ver si el otro pica el anzuelo y contesta: "Tranquilo, que yo llevo dinero encima", empezando así la noche de lujo para el primero. Peor es cuando nos dice: "Cajero fuera de servicio, acuda al más próximo"€ y te lo indican, pero el enfado está garantizado. Llegamos al siguiente, digital o táctil, de entrada nos pide introducir la tarjeta y teclear la clave pero con la otra mano encima, que siempre hay algún saltarín fijándose en todo. Seguimos con el menú de opciones, que te lo tiene que explicar alguien de la entidad, de lo contrario al primer fallo exclamarás: "¡Dios, qué hice!" seguido de un€ ¿y ahora? Algunos de ellos, te permiten ingresar, antes con sobre, ahora se abre un compartimento y adentro, te lo cuenta y encima te pregunta si estás de acuerdo. Cuando pagas un recibo pasa lo mismo e incluso te da el cambio correspondiente. Terminada la operación te indica si la misma ha sido realizada correctamente y si es así, pregunta si deseas copia impresa o hasta te la envía por correo electrónico. A veces, por razones imprevistas, se cae el dinero por detrás o peor, se traga la tarjeta y uno con cara de desencajado, entra en la oficina para explicar lo sucedido. Por más que el empleado te diga ¡no se preocupe!, uno honrado, no descansa hasta que vea que todo vuelva a la normalidad. A día de hoy, muchas operaciones se hacen en los cajeros pero hay que tener cuidado, ya que para muchos puede ser un riesgo cobrar una pensión por este sistema, ya que la lucidez y la habilidad no es la misma con una edad que con otra. Lo que no es de recibo es estar en la cola del cajero y la oficina operativa y vacía, sabiendo una vez más que donde se ponga el trato personalizado, que se quite otra modalidad. En fin, por un lado es práctico pero por otro se puede convertir en un agobio al tener que estar atento a todo: Cartera, dinero, comprobante y tarjeta, no olvidando nada, por si las moscas.

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