Tribuna abierta

Ángel Acevedo Campos

03.03.2016 | 02:00

Fuimos desde muy pequeños amigos en La Laguna y recuerdo que tus padres, al ser maestros, impartían clase de Primaria en el Instituto de Canarias (hoy Cabrera Pinto) y ellos, tú y tu hermana Nieves vivían en la calle de San Agustín, frente a la iglesia de los Dolores, que llevan los padres agustinos.
Siempre destacaste como buen estudiante, primero en el Bachillerato y luego cuando hiciste tu licenciatura de Derecho en nuestra Universidad lagunera de San Fernando. Al acabarla, opositaste en Madrid a juez, sacándola de entrada y tu primer destino fue como juez del Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción de la Villa de San Sebastián, en La Gomera, donde estuviste un tiempo, el suficiente para enamorarte y casarte con una encantadora mujer, Luzma, que había sido anteriormente Miss La Gomera, que te diera tres hijos y créeme si te digo que en estos momentos no me salen las palabras por el shock que tu prematura partida nos ha causado a tantos amigos que hoy lamentamos tu pérdida, pues fuiste un profesional, un esposo y un padre excepcional. Hasta hace muy poco ostentabas el cargo de presidente de la Sala de lo Contencioso Administrativo de nuestra Audiencia Provincial, en cuyo cargo te jubilaron. Antes habías sido juez de 1ª Instancia e Instrucción de La Orotava y también en Las Palmas de Gran Canaria y estabas en posesión de la Cruz de San Raimundo de Peñafort, por lo que eras el único "ilustrísimo" de nuestro grupo de amigos.

Recuerdo que todos los viernes y desde Santa Cruz subíamos a La Laguna con Manolo García y en la Ciudad Patrimonio nos reuníamos con Chano Álvarez Cambreleng y con el compañero abogado Juan Vicente Suárez López en casa del primero, en donde charlábamos sobre distintos temas de actualidad, mayormente de política, economía y sobre los últimos chistes del momento, para sobre las seis salir todos juntos y bajar la calle de San Agustín, pasando por delante de la casa en la que viviste de niño con tus padres y tu hermana.

La primera parada la hacíamos en la planta baja del Obispado, donde se encuentra una tienda de recuerdos que podían adquirirse a precios realmente módicos y también estaba allí la Librería Diocesana, con lo que nos poníamos al día de las últimas Encíclicas papales. Al salir de nuevo seguíamos paseando por la calle de San Agustín hasta llegar a la de Viana, que en línea recta nos llevaría hasta la plaza de San Francisco, o del Cristo, para entrar en el Real Santuario y hacerle una visita al Señor de La Laguna, donde hacíamos nuestra segunda "estación".
Veíamos con satisfacción como no se ha perdido la antiquísima costumbre de visitar todos los viernes a nuestro milagroso Cristo lagunero, al que acudían devotos de toda la isla, pues lleva con nosotros la friolera de cinco siglos y que a tantas personas ha ayudado, milagreado, favorecido y que como se dice en la copla€ "sus labios no se movieron / y sin embargo me habló /". Fue precisamente en el Cristo el viernes pasado día 19 donde tus amigos encargaron una misa en tu memoria.

Al salir del Cristo bajando la calle Viana llegamos a la calle Carrera, la que subimos pasando por la Catedral, Teatro Leal y las Siervas de María, llegando a la dulcería La Princesa, donde degustábamos unos deliciosos y exquisitos dulces, donde no podía faltar el rosquete llamado "lagunero" y de dicha pastelería nos encaminábamos hasta la casa de Chano Álvarez en la plaza de la Junta Suprema donde nos despedíamos para después ir hasta el coche tú, Manolo García y el que habla. Deseo poner en valor tus bien construidas sentencias y tu sapiencia jurídica.
Amigo Ángel ¡cómo recordaré las tardes de los viernes laguneros! No estarás físicamente con nosotros pero tu figura enjuta, delgada y quijotesca estará siempre presente y cuando estemos paseando de nuevo, ten la seguridad que todos tus amigos en algún momento miraremos hacia atrás, en un intento vano e inútil por verte y decirte que te unas a nuestro paseo pues tu alza primada amistad así como tu limpia trayectoria así lo merecen. La próxima vez en que nos veamos seguro que los dulces que degustaremos serán cinco "tocinos de cielo", en el cielo y no en la Princesa.

A ti Luzma, a tus hijos María Luz, Ángel y Beatriz, a tu hermana Nieves así como a tu primo hermano Jerónimo Saavedra Acevedo, solo decirles que les acompaño en la Esperanza.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine