Tomando el pulso

Grandes cantores

01.03.2016 | 02:00

N o todo los días se tiene la oportunidad de asistir a un concierto de esta índole. Todo un coro de niños de corta edad vestidos de marinerito, a veces en blanco y otras en azul oscuro. La ocasión merece la pena y las invitaciones agotadas, como es lógico. Nadie quedó por fuera de un marco incomparable, La Catedral lagunera, sede del Concierto Sacro, gracias a la gentileza de los organizadores, gente con sentido común, asistida con ayudantes en los accesos y agentes de seguridad. Desde un primer momento se apreció la disciplina, ratificada con asombro por los presentes en el ensayo, al ver cómo se dirigía a los niños, el director y pianista con melena al viento. Niños que desde muy pequeños en colegios especiales, estudian, cantan y juegan. El grupo presenta un estilo cosmopolita al ser de diferentes partes del mundo, a cual mejor. Un coro, capaz de llegar al más fuerte, logrando exteriorizar su lado más sensible. Un niño canta solo, uno de los tres Ave María y lo bordó, levantando a todos los asistentes, que aplaudieron emocionados ante lo vivido. Así todo, alguno entre el público y previamente reconociendo el buen trabajo junto con el mérito adquirido del solista, barrió para casa recordando que aquí también tenemos buenos artistas que cantan muy bien esta singular obra en diferentes celebraciones, ¡amor por lo nuestro! Todos los asistentes buscaron un hueco, muchos de ellos simplemente para oírlos, aprovechando más de uno para contemplar el techo de la Catedral y su iluminación. Quizás al templo lo que le falta, después de su restauración, es una megafonía acorde con el mismo. Presencia de muchas religiosas, destacando una, denominada con cariño y respeto Sor Watsap, que no paró en todo el concierto de comunicarse por este medio al exterior ante el asombro de los presentes. Los mismos que se preguntaban ¿no puede sacar unas fotos para enviarlas cuando termine el concierto a quién estime oportuno y ahora disfrutar de la música en vivo? El resto, no dudó en sacar fotos y fotos, así como videos con la finalidad de inmortalizar el momento. Terminado el extenso repertorio, que se pasó rápidamente, llegaron las llamadas "propinas", que deleitaron más todavía al público, que con palmas no dudó en aceptar la invitación del coro. En fin, gracias por venir, cantar como los ángeles y como no, impartir una clase de canto.

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