Hablando en plata

Póngase a trabajar

25.02.2016 | 02:00

La irrupción en los llamados ayuntamientos del cambio de personajes de lo más variopinto, en determinadas ocasiones escasamente preparados y con la única intención de causar polémica, nos ha dejado decenas de titulares. Uno de los que han conseguido este objetivo es el del único concejal que tiene Izquierda Unida (IU) en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Ramón Trujillo, quien ha propuesto que el consistorio gaste el dinero de todos los santacruceros en traer a los dos titiriteros acusados de enaltecer el terrorismo. Dejando a un lado las dudas que ha suscitado la detención y posterior puesta en libertad de ambos artistas, la polémica no es otra que los límites que debe tener la libertad de expresión, porque a pesar de que a muchos les cueste creerlo esta sí que los tiene. Por un lado, está delimitada por el Código Penal, es decir, no podemos decir o hacer lo que no plazca si con esto cometemos un delito o si lo hacemos nos arriesgamos a ser juzgados, o al menos imputados. Otra de las líneas rojas no es otra que la libertad de otras personas; por lo tanto, si con nuestras expresiones atentamos contra la libertad de otros, sí puede suponer un problema.

El concejal de IU ha creído conveniente el convertirse en un adalid de la libertad de expresión, pidiéndole al concejal de Cultura que traiga hasta la capital tinerfeña a los dos titiriteros. Sin embargo, olvida que la libertad de expresión no se defiende trayendo a dos impresentables, que lo único que han hecho es que España vuelva a salir en la prensa internacional. La libertad de expresión se consigue día a día, denunciado las corruptelas, por pequeñas que sean, y que, como a toda la clase política, también afecta a su formación, o acudiendo a las manifestaciones que tarde o temprano conseguirán la derogación de la infame ley mordaza. Quiero creer que los habitantes de Santa Cruz tienen preocupaciones y problemas mucho más importantes de los que ocuparse que de unos titiriteros que han humillado de nuevo, una vez más, a las víctimas del horror causado por la banda terrorista ETA, porque debe ser que temas como el paro, la desigualdad, la inseguridad en algunas zonas de Santa Cruz, o las más de veinte personas que duermen en la calle directamente, no son asuntos lo suficientemente importante para el señor Trujillo. Al final, en política suelen triunfar quienes más llaman la atención, aunque como en esta ocasión sea simplemente, para no trabajar.

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