La Ciprea

El poema del delito

23.02.2016 | 02:00

El ministro Fernández Díaz ha aludido al Código Penal para considerar delito los versos que se escucharon durante la gala de los premios del Ayuntamiento de Barcelona. Según sus palabras, el poema es "repugnante", "obsceno", "lamentable", "execrable" e "incalificable". Mi buen amigo Ramón Araujo diría que lo ocurrido merece torturas medievales, pozo de serpientes y canciones japonesas. Yo propongo que detengan a la autora de tales hechos y la castiguen igual que a los titiriteros. A ella por lo malos que eran los versos; y a ellos por estafadores que eso no eran guiñoles ni cosa semejante y no por lo que el ministro alega como delitos contra "la libertad de conciencia, los sentimientos religiosos y el respeto a los difuntos". (La verdad: lo de los difunto no lo he entendido muy bien).

Estoy empezando a sospechar que culparnos de tanto delito es una maniobra para desviarnos de lo que importa porque ni los titiriteros ni el poema merecen tanta atención. Por una parte, el poema es desproporcionado en relación con las circunstancias. Sencillamente no viene a cuento hablar de coños para reivindicar el derecho de las mujeres a disponer de su propio cuerpo cómo y cuándo lo deseen y el derecho a opinar sobre él si así lo consideran oportuno. Ser mujer es más que eso. Digo yo. Por otra, el tema de los titiriteros es como de chiste. Que los detengan por hacer una función con monjas, jueces y guardia civiles no debería extrañarnos cuando es de todos sabido que en los colegios hay funciones de títeres y en ellas siempre hay un guardia que da mamporros, una bruja que pega a todo el mundo y una ordinaria que corre enseñando las enaguas. Y todo eso nos hacía reír hace mil años.

Que a mí me parece más delito permitir que un guardia civil mate a su esposa y siga en libertad o que un señor insulte públicamente a las mujeres diciendo que son unas putas por tener hijos sin casarse o que un obispo declare que los homosexuales son unos enfermos o que una alcaldesa se mofe de sus ciudadanos y los tome por tontos al seguir ejerciendo después de haber prevaricado, robado y dejado en la miseria más absoluta a las escuelas y a los servicios sociales de su municipio. Esos sí son delitos, señor Fernández, y no esas bobadas de oraciones seudo poéticas o teatrillos de guiñol que no pasan de ser alardes infantiles de una libertad de expresión mal entendida.

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