Tribuna abierta

El panorama, la polis

22.02.2016 | 02:01

E sto es España, pero en un país que tuviera un gobierno con alguna noción ética, el presidente hubiera dimitido hace mucho ante el pródigo inventario de casos de corrupción, malversación de caudales públicos, estafa, etc., que viene salpicando al PP una y otra vez en los últimos años. ¿Imaginan esto en Holanda, Suiza, Finlandia, Noruega o Suecia? Sí, no somos iguales, pero ¿acaso no sería saludable que intentáramos parecernos un poco? Tampoco la muy elogiada Transición del 78, que algunos siguen usando como ejemplo cívico para esta inédita minitransición, fue tan admirable como nos la contaron a tenor de los últimos libros que se han publicado sobre ella. La vil omertá estaba ahí y tarde o temprano saldría a flote, como el cadáver en el pantano. Es hora ya de que el PP se eche a un lado, admita su fracaso y, como dice Sánchez, "se regenere". Además el partido de Rajoy necesita con urgencia volver a preguntarse qué es la moral, la ética, la política o cuáles se supone que son las funciones, deberes y responsabilidades que asumieron y no respetaron.

Como dijo el maestro Emilio Lledó, en la antigua Grecia el político era el hombre que se desvivía por servir al ciudadano, cumplir y respetar sus necesidades y derechos aun antes que los propios era su vocación; aunque tampoco aquel gobierno de Pericles era el ideal: extranjeros y mujeres, por ejemplo, no podían votar. Y no se trata de ser de derecha o de izquierda, también la necesitó el PSOE (quizá aún la precise) y quien sabe si más adelante la necesiten los nuevos partidos recién creados, tanto Ciudadanos como Podemos; pero me imagino que a los señores del PP debe ser difícil mirarlos a la cara sin insultarlos o algo peor. Y no es lo más deseable ni para la democracia ni para la estabilidad ni para que los ciudadanos recuperen la confianza en la clase política y los derechos usurpados, si es que aún fuera posible. El espíritu moderno, además de por una ilustración ambiciosa y filantrópica que hoy brilla por su ausencia, viene marcado por la inconformidad y por la autocrítica constante, y España ha dejado hace mucho de ser un país moderno mientras aquellos que no cumplieron con la responsabilidad que asumían, ahora se justifican, se excusan, miran para otro lado o juegan al cobarde y socorrido "Y tú más".

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